Y ahora, el espacio

SYLVIA SASTRE

Bastante preocupación genera nuestra capacidad para degradar progresivamente el medio ambiente debido a la polución continuada del planeta por la actividad humana irresponsable, como para leer sin inquietarse las conclusiones de un grupo de investigadores ingleses que alertan del peligro de la polución espacial iniciada, y la necesidad de generar una reglamentación internacional que regule y evite que el espacio se convierta en otro basurero de residuos.

Y es que, lejos de ser ese entorno alejado donde desplegar nuestra imaginación a través de novelas y películas protagonizadas por alienígenas más o menos adorables, luchas intergalácticas, conquistas o aventuras, el espacio está convirtiéndose en un lugar cada vez más asequible y en el que proyectamos nuestra vida planetaria. No solo la carrera espacial está al alcance de cada vez más países y laboratorios, sino que planificamos el turismo espacial, extraer minerales, o enviar misiones robóticas o habitadas en un futuro próximo.

Por otra parte, la vida cotidiana está cada vez más facilitada por numerosos ingenios cósmicos ya imprescindibles para las comunicaciones internacionales o la observación de los fenómenos terráqueos. Quién no utiliza el sistema GPS para orientarse en ciudades y caminos poco conocidos, o para buscar otros alternativos, o un servicio que queremos localizar; internet, el teléfono, la televisión, y hasta la radio dependen en gran parte de los satélites espaciales, e incluso hay avances posibles gracias a nuevos metales hallados en algunos asteroides.

Pero los ingenios que facilitan la vida desde él y la carrera espacial de los últimos 60 años dejan desechos metálicos o plásticos que vagan por el espacio con el peligro de que vuelvan a su origen o afecten a sistemas básicos. La NASA ha detectado unos 23.000 objetos no identificados de más de 2 centímetros (y no son todos) que ya se acumulan en una especie de cementerio de basura espacial en órbita. El año pasado, la Agencia Espacial Europea declaraba que existen ingenios espaciales en órbita alrededor de la tierra equivalentes a 80.000 toneladas de peso, de las cuales unas 6.300 toneladas corresponden a satélites fuera de servicio o restos más o menos grandes, amén de otros residuos, desplazándose a gran velocidad. Otro peligro proviene de que lanzamientos espaciales no controlados pueden dañar la ionosfera, y afectar los sistemas de información o comunicaciones.

La alarma no es vana ni de ciencia ficción. Si no se regula el desarrollo espacial, podría tener consecuencias dramáticas; no hay que esperar a que, un día, cualquier avión de línea se encuentre en su trayectoria con un trozo de satélite de algunos centímetros, para convencernos de que hay un problema a regular que puede venir desde el 'cielo'.

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