Escándalo en el Nobel

El presidente Rajoy fue taxativo ayer. La desaparición formal de ETA en ningún caso puede suspender o relajar la actuación del Estado de Derecho respecto a aquellos activistas que fueran responsables de atentados contra la vida o la integridad de personas señaladas como objetivo de la banda terrorista. Ni sus herederos ni sus mediadores pueden reclamar que la desaparición de ETA derive hacia una especie de 'acuerdo bilateral' por el que la Justicia y la Ley hagan una excepción de determinadas causas penales y encubran un clima efectivo de indulgencia hacia los culpables de lo peor. El acto protagonizado por mediadores internacionales en la localidad vasco-francesa de Cambo des Bains, bajo la elocuente denominación de 'Encuentro para Avanzar en la Resolución del Conflicto', quiso celebrar el anuncio, la víspera, de la disolución de ETA. Aunque los mediadores internacionales vinieron a consagrar la persistencia de un 'conflicto' irresuelto y la continuación del 'proceso de paz' auspiciado por ellos que, a partir de ahora, debiera afrontar el problema de los «presos políticos» y de las víctimas de la confrontación. Apelar a la reconciliación, nada menos que entre las víctimas y los victimarios, no solo desborda el ámbito de actuación de un grupo de mediadores, sino que interpela directamente a estos en tanto que continúan señalando a las víctimas como efecto inexorable del conflicto, mientras se congratulan de que los victimarios hayan hecho caso a sus recomendaciones de disolución. Los ejecutivos del País Vasco y de Navarra evitaron estar presentes en Cambo, al parecer porque temían discrepar política y éticamente de los términos en que se desarrollara el encuentro. Iñigo Urkullu y Uxue Barkos se pronunciaron juntos desde el Baztán; pero no por ello supieron distanciarse debidamente del discurso que prevaleció en la localidad vasco-francesa, más allá de su vindicación de una «memoria crítica». Porque su inmediata apelación a una política penitenciaria alternativa pasó por alto la necesidad de que cada preso se adscriba libremente a las posibilidades de reinserción. Y sobre todo dejó de lado el requerimiento de que, una vez desaparecida ETA, alguien de su espectro se muestre más severo hacia el daño causado por la banda terrorista. No sea que la disolución acabe siendo un subterfugio para que nadie se haga cargo del pasado inmediato de tanta ignominia.

El Nobel de Literatura no se entregará este año porque un escándalo con connotaciones sexuales ha producido una cascada de dimisiones en el Comité Nobel, hasta el extremo de que este organismo, de 18 miembros, ha quedado reducido a once, uno menos de los necesarios para la concesión del premio. El galardón de 2018 se otorgará, pues, a la vez que el de 2019. El dramaturgo Jean-Claude Arnault, muy vinculado a la Academia a través de su club literario y esposo de una de sus miembros más influyentes, Katarina Frostenson, ha sido acusado por 18 mujeres de abusos. Una auditoría ha descartado que Arnault haya influido en las decisiones del Nobel pero ha acreditado que recibió ayudas impropias. La gestión del escándalo ha provocado las defecciones y la falta de quórum. Y hasta el Rey Carlos XVI Gustavo, protector de la Academia, ha anunciado reformas para que la renovación sea posible (en teoría, los cargos son vitalicios). La corrupción ligada al sexo no tiene fronteras definidas, por lo que conviene que las libertades y las leyes disfruten siempre de una protección especial para acabar con esta lacra.

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