Equiparación saludable

En octubre de 2016, el Congreso aprobó una proposición no de ley (PNL) que instaba al Gobierno a ampliar el permiso de paternidad hasta 16 semanas para equipararlo al de maternidad en tiempo y remuneración y para hacerlo, además, intransferible. Se trataba, como todas las PNL, de una declaración cargada de intenciones pero sin apenas capacidad coercitiva para el Ejecutivo. Año y medio después, el permiso de paternidad ha crecido, en efecto, pero sólo hasta cinco semanas, muy lejos aún de las 16 de la madre. En este camino de recorrido lento, la consecución de permisos iguales e intransferibles debería entenderse no sólo como una medida que afecta a los varones sino como un mecanismo que, ante todo, promueve la igualdad. En el ámbito laboral, la equiparación evitaría la discriminación en la contratación de mujeres en edad de tener hijos, ya que los mismos hándicaps que se observan en éstas se podrían atribuir a los padres, lo que permitiría equilibrar las carreras de mujeres y hombres y actuaría como medida eficaz para reducir la brecha salarial. Y en lo social, la equiparación e intransferibilidad de los permisos impulsaría un cambio fundamental de mentalidad en lo que significa ser padre y madre y en el reparto de los cuidados de los hijos. Merece, pues, un esfuerzo el camino que aún queda por recorrer.

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