El entendimiento como objetivo

El Rey pidió ante el Parlamento británico «fórmulas satisfactorias» para todos en Gibraltar y expresó pesar por el 'brexit'

El viaje oficial de los Reyes a Reino Unido constituye, por su relevancia y su agenda de trabajo, una oportunidad inmejorable para realzar los vínculos e intereses comunes que unen a ambos países en el momento en que comienza el pulso negociador sobre las condiciones del 'brexit'. El discurso de Felipe VI ante los representantes de las dos Cámaras británicas fue una medida descripción de cómo España y el Reino Unido pueden seguir siendo «amigos, socios y aliados». La relación entre las dos Familias Reales europeas más importantes en cuanto al peso demográfico y económico de sus respectivos países puede contribuir a preservar los lazos institucionales, los intercambios comerciales y los derechos de los nacionales residentes en el otro. Incluida la necesidad de reconducir la cuestión de Gibraltar hacia «acuerdos y fórmulas satisfactorias para todos», tal como señaló ayer el Rey. Todo ello teniendo siempre en cuenta que España es socio -y además un socio clave- de la UE y de la zona euro, de modo que en ningún caso puede procurar ni asumir fórmulas de acuerdo bilaterales que no vayan en consonancia con los intereses europeos puestos en juego en la negociación sobre los términos de la salida del Reino Unido de la Unión. De ahí que la visita oficial del Jefe del Estado español al Reino Unido se base en la ineludible defensa de los intereses comunes de los 27 países que continuarán en la UE, tratando de obtener resultados positivos para el conjunto de la Unión; también porque de lo contrario será imposible lograr ventajas particulares. No se trata de un equilibrio sencillo de mantener en las relaciones internacionales. Mucho menos después de oír las palabras del titular del Foreign Office, Boris Johnson, advirtiendo de que el Reino Unido no piensa atender a las obligaciones financieras contraídas como miembro de la UE en las condiciones fijadas por ésta. El Rey subrayó ayer que a nuestro país le «pesa» la decisión adoptada por los británicos «en el ejercicio de su soberanía», aunque «la respetamos profundamente». Junto a los requerimientos de la seguridad compartida, el Rey acertó al poner el acento en los ciudadanos españoles y británicos y en las respectivas empresas como protagonistas y demandantes de la máxima colaboración entre ambos países.

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