Ensayo breve sobre morfopsicología

JULIO ARMAS

No sé quien fue, creo que era presidente de algo, cuando un día, en una selección de personal, rechazó a un candidato porque no le gustaba su cara; uno de sus colaboradores se lo recriminó diciéndole que nadie es responsable de su cara. Está usted muy equivocado, le contestó, una vez pasados los cuarenta todos somos responsables de nuestra cara. Hay quien piensa que lo anterior es una bobada, yo también lo pensaba hasta que empecé a oír a psiquiatras y médicos hablar de la morfopsicología.

Siguiendo con lo anterior y dejándonos llevar exclusivamente por nuestras apreciaciones, podríamos decir que entre aspectos y capacidades hay tres categorías que convendría distinguir. Primero están los tontos que tienen cara de listo («tontos son los que dicen tonterías» que decía la señora madre de Forrest Gump). Vienen luego los listos que tienen cara de tonto, y para terminar están, listos o tontos, aquellos que tienen cara de lo que son. Y no hay más. Las otras combinaciones posibles dicen que derivan de estas.

Veamos. Los tontos que tienen cara de listos, si se está avisado, no son muy peligrosos. El gran peligro viene cuando además de tener las características de los individuos de este subgrupo, tienen también la de la parquedad en sus opiniones. Un individuo (o individua, como dicen los «modelnos»), siendo tonto (o tonta), y hablando poco, se la puede colar a cualquiera y si no me creen no tienen más que ver «Bienvenido Mr. Chance» una película interpretada por el genial Peter Sellers en la que el retrasado mister Chance, gracias a sus silencios, llega hasta el presidente de Estados Unidos. Y es que, como decía Marx (tendencia Groucho), es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente.

Lo de los listos con cara de tonto es otra cosa. Es otra cosa mucho más peligrosa que la anterior. Hace miles de años que para alcanzar el éxito social ya se aconsejaba en la cultura china eso de andar con paso de buey, vista de águila, dientes de lobo y hacerse el mono, lo que trasladado a nuestro entender no quiere decir otra cosa que vaya usted despacio pero pensando en el mañana y arranque la cabeza del que se le ponga por delante, pero, eso sí, como si la cosa no fuera con usted. En resumen, hágase el tonto y no se preocupe de más porque, como dicen los ingleses, no hay nada que resulte más satisfactorio que pasar por tonto a los ojos de un imbécil. De los listos con cara de tonto, líbranos Señor.

Hazlo tú, que yo no sé.

Mira, ven, que te enseño...

No, no me enseñes... que no quiero aprender.

¿Les suena?, ya lo ven, hay que desconfiar de los listos con cara de tonto porque como dicen por estas tierras que el Ebro baña: «Tonto, tonto, mierda, mierda».

Y antes de entrar en el último grupo, solo decirles que espero que se hayan dado cuenta de que, por mi parte y en un exquisito detalle de buen gusto, no he querido darles mi opinión sobre quiénes de nuestros conciudadanos pertenecen a cada uno de los grupos. A ustedes les dejo el entretenimiento de clasificarlos donde mejor crean que encajan.

Y ahora sí, ahora vamos a hablar de ese tercer grupo al que pertenecen todos aquellos, que más allá de los cuarenta acaban por tener cara de lo que son, porque es ahí donde entra de forma manifiestamente definida esa morfopsicología de la que hablábamos en el primer párrafo. Esa parte de la psicología que estudia las relaciones existentes entre las características psíquicas de la persona y su aspecto morfológico externo.

Parece mentira, pero no lo es, hagan ustedes una encuesta y verán cómo esas sensaciones que a ustedes les producen las caras de algunos individuos son sensaciones que, sin saber el motivo, se repiten en un gran número de encuestados. Verán, es muy fácil, mírenles a la cara y pregúntense, sólo por poner un ejemplo, lo que a usted le parece que son el señor Puigdemont o la señora Carmen Forcadell o esa señorita de la CUP que lleva el peinado rectilíneo y frontal que ahora no me acuerdo cómo se llama (la señorita, no el peinado). Mírenlos y pregúnteselo. Hagan, solo por entretenerse, su personal análisis psicomorfológico. Ya verán qué cosas más curiosas pasan. Hasta el domingo que viene, si Dios quiere, y ya saben, no tengan miedo.

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