Hace pocos días cerraron para siempre las rotativas de un gran medio de comunicación. Nos parecían invencibles. Todopoderosas. Durante muchos años, cuando terminábamos las cenas con los amigos, los invitábamos a ir a verlas funcionando, porque eran un espectáculo. Eran los tiempos en los que las rotativas trabajaban 24 horas al día, los siete días de la semana. No paraban excepto por motivos técnicos y para limpiarlas. Últimamente estaban desocupadas casi toda la jornada. Desde que se daba al botón de comienzo de la tirada del periódico en cuestión (el generalista que más vende en España) hasta que terminaba esta, apenas pasaba una hora de funcionamiento de las rotativas, que se han convertido en una industria de chimenea más. Pronto se irán a ver como piezas de museo.

Los medios de comunicación escritos están sumidos en una crisis de una profundidad desconocida hasta ahora. Utilizando todo tipo de soportes y herramientas no tienen modelo de negocio. No saben cómo sobrevivir. Encontrar ese modelo es la prioridad de los empresarios de prensa, de los gurús de los medios de comunicación y, en última instancia, de los periodistas.

Pero sólo en última instancia, nuestro objetivo, hoy, tiene que ver con reconsiderar los objetivos del periodismo para recuperar el papel que ahora se le discute desde las redes sociales y otros lugares. Sólo así podrá recuperar el protagonismo que tuvo en el siglo XX y en una parte de lo que llevamos del XXI y que se observa, por ejemplo, en la maravillosa exposición sobre el director de cine Basilio Martín Patino ('Madrid, rompeolas de todas las Españas'), que expone la historia y la memoria de la capital de España desde la proclamación de la Segunda República hasta los movimientos ciudadanos del 15-M.

Allí está presente la prensa escrita. Con sus defectos y sus aciertos maravillosos. Cuando se ven los periódicos y revistas que contaron lo que sucedió, quien visita la exposición siente que esa información sirve para vivir la vida que nos es propia, para protegernos, para establecer vínculos, para identificar a amigos y enemigos. Cumple con la más hermosa definición del periodismo, que corresponde a los americanos Bill Kovach y Tom Rosentiel, que han dedicado toda su vida a mejorar la calidad de nuestra profesión: «El propósito del periodismo consiste en proporcionar al ciudadano la información que necesita para ser libre y capaz de gobernarse a sí mismo». Casi nada.

¿Sigue cumpliendo esta función el periodismo? Habrá muchos lectores que lo duden. Los que se han alejado de nosotros. Si existe esa duda, no podemos enmascarar nuestros errores. El pintor Lucian Freud decía algo de la pintura que probablemente también se puede aplicar al mal periodismo: pintar a veces, decía Freud, es como una de esas recetas de cocina en las que les hacen un montón de cosas complicadas a un pato y al final dejas la carne de pato a un lado y utilizas sólo la piel. Cuando un Gobierno ejerce control sobre los periódicos, cuando un empresario de medios de comunicación activa la censura sobre los mismos, cuando los directores no resisten a las presiones de unos y otros, o cuando los periodistas ponemos nuestra ideología o el interés particular al servicio de la información, se subvierte la cultura democrática, aunque al mismo tiempo hagamos uso de la retórica permanente de la libertad de expresión.

Victoria Prego, Juan Luis Cebrián, Arturo Pérez Reverte, José Antonio Vera, Antonio San José, Pedro J. Ramírez, José Antonio Zarzalejos, Nacho Cardero, Casimiro García Abadillo, Xavier Vidal Folch, Santiago Segurola, Alberto Pozas, Fernando Sánchez Dragó, Cayetana Álvarez de Toledo, Daniel Innerarity, Pedro García Cuartango, Frances de Carreras, Iñaki Gabilondo, John Müller, Arcadi Espada, Manuel Vicent, Santiago Posteguillo, Carlos Rodríguez Braun, Jorge Bustos, Pepa Bueno, Roberto Palomar, Alfredo Relaño, Enric Juliana, Ángela Vallvey, Santiago González, Joan Tapia, Orfeo Suárez, Raúl del Pozo, Carmen Rigalt, Marta Robles, Gloria Lomana, David Trueba, Fernando Savater, Teresa Viejo, Mikel Iturbe, Alfredo Menéndez, Manuel Campo Vidal, Mara Torres, Juan Cruz, Anabel Díez, Arsenio Escolar e Inés Artajo.

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