ELÉCTRICOS

CAUTIVO Y DESARMADO - PABLO ÁLVAREZ

Me gustaría que Logroño fuera una ciudad más verde. Y con eso no me refiero a plantar más césped en los parterres (y menos si es artificial, como el de la nunca acabada Primero de Mayo) sino a que esta ciudad fuera un pelo más ecológica en las cosas que hace y en las que facilita a sus vecinos.

Leo, por ejemplo, que hay una ciudad china (una de tantas millonarias en aquel pedazo de país) cuyos más de 16.000 autobuses son ya totalmente eléctricos. Y digo yo que si ellos pueden, nosotros también: quizá merezca la pena el esfuerzo, porque quizá así haya más gente que se anime a eso de electrificar su parque móvil particular. Y ya se sabe, a más demanda de coche eléctrico, más modelos y más asequibles, más postes de recarga... Porque un Ayuntamiento tiene entre sus funciones la educativa, y como mejor se educa es con el ejemplo.

Claro que otra de las funciones de un municipio es la planificadora. Y hemos nadado muy torpes en esto de la movilidad sostenible. Lo digo por la bicicleta, ese cacharro que a estas alturas ya debería ser multitudinario en una ciudad como la nuestra. Visto lo visto, me temo que la única manera realista de hacer que todo el mundo se anime a subirse a una bici para ir a los sitios es llenar la ciudad de carriles bici. Pero la verdad, apenas hay oportunidad de urbanización que no se desaproveche en ese sentido. La Avenida de Burgos es posiblemente el mejor ejemplo de los últimos lustros, pero habrá más.

En fin, quisiera que Logroño fuera un poco más verde, y todo esto que les cuento no me parece que sea ninguna utopía de rastafari. Se puede hacer. La cosa es si se quiere.

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