Educación contra el delito

Cuando un menor comete un delito -más aún si es grave-, resulta difícil reprimir una sensación de fracaso colectivo. Todavía bajo el impacto del asesinato de dos ancianos en Bilbao a manos de dos jóvenes de 14 y 16 años, los datos de la Fiscalía de La Rioja indican que también aquí se ha apreciado un repunte en la delincuencia juvenil, aunque por fortuna no haya habido que lamentar sucesos tan escabrosos. Hay, sin embargo, motivos para la preocupación, sobre todo por el incremento de la violencia en el seno familiar. La directora del centro Virgen de Valvanera, María Hernández, advierte de los problemas derivados del consumo de cannabis a temprana edad, así como de una alarmante falta de respeto a la autoridad. El juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, desde la autoridad que le confieren los más de 20.000 casos que ha examinado, puntualizaba en una Tribuna publicada hace dos semanas en este periódico que la solución no reside en el endurecimiento de una legislación menos laxa de lo que comúnmente se cree, sino en adoptar medidas educativas y sociales desde la infancia. «El 80% de los niños que cometen delitos no son delincuentes -advertía-. Educar es una combinación de cariño y límites. Tenemos que aprender a ejercer la autoridad y decir 'no' a nuestros hijos».

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