MIR para educación, ¿solamente?

ALONSO CHÁVARRI

Ya se hacía eco Bertrand Russell -experto en estudiar paradojas, como la conocida y famosa paradoja matemática que lleva su nombre- de la paradoja de que la educación, en sus tiempos, se había convertido en un obstáculo para la inteligencia y la libertad de pensamiento. Y es que, a lo largo de la historia, la educación se ha utilizado frecuentemente para mantener desigualdades y privilegios, en vez de ser un vehículo para la superación de conflictos sociales; y, desde ciertos sectores, se ha pretendido y se sigue pretendiendo que la educación sea transmisora de determinadas ideas, en vez de generadora de pensamiento libre. Con estos precedentes, crear un MIR para los docentes se antoja tarea difícil, aunque yo creo que es necesario y conveniente; pero ¿cómo ha de organizarse ese MIR?, ¿qué filosofía ha de tener?

Quienes hemos pasado media vida dedicados a la enseñanza sabemos que ha habido demasiados intereses, generalmente ideológicos o políticos, que han impedido grandes acuerdos para mejorar la educación; por eso sería imprescindible dejar de lado esos intereses a la hora de organizar ese MIR. Primero, habría que promover un acceso al profesorado, o sea a ese MIR, en el que acaben estando los mejores, es decir, habría que olvidar otros intereses, también sindicales -algunos sindicatos, tradicionalmente, han sido una piedra en el camino para que los mejores lleguen al profesorado, con sus extraños baremos de méritos, con su defensa del profesorado interino, descafeinando las oposiciones, etc-.

Hay que volver a primar el talento y la capacidad de trabajo, no olvidando que igualdad no es que todos tengan la misma probabilidad de alcanzar un puesto, sino que tenga más fácil el acceso quien mejor preparado esté. También habría que olvidar intereses ideológicos, limitándose a preparar al profesorado en los nuevos avances científicos y tecnológicos, así como en dotar de una ética profesoral importante, que no por evidente ha de dejarse de lado, para que todos los docentes se sientan capaces de superar con solvencia los complicados retos de los nuevos tiempos y los nuevos alumnos.

Este MIR, bien planificado, creo que sería muy importante para la mejora del sistema educativo, como supongo que lo está siendo en la sanidad, aunque echo en falta en este último -visto desde fuera, naturalmente, pues 'por sus frutos los conoceréis'-, mayor insistencia en la antítesis ética médica-negocio.

Lo que sí haría falta urgentemente es un MIR para políticos, en el que se formasen los futuros padres de la patria, alejados de partidos, juventudes de los mismos y, a ser posible, sin aprender las triquiñuelas propias de la vida política y la forma de medrar dentro del partido; se les enseñaría que España y los españoles están por encima de sus partidos, que los adversarios no son enemigos, que negociar con todos es imprescindible y, sobre todo, mucha ética. Y que olvidasen la frase de Disraeli: «¡Al diablo con tus principios! Atente a tu partido». Casi nada.

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