EL EBRO SOLO TIENE UNA ORILLA

PABLO GARCÍA-MANCHA - MIRA POR DÓNDE

Nunca he entendido muy bien la matraca de los derechos históricos de determinados territorios en España hasta que comprendí lo siguiente: un señor de Bilbao paga sus impuestos en Bilbao como uno de Logroño (José Ignacio Ceniceros, sin ir más lejos) los deposita en Logroño. El hecho diferencial del asunto es que los dineros del señor de Bilbao se quedan básicamente en Bilbao y buena parte de los impuestos del señor de Logroño (Ceniceros, otra vez) también van a Bilbao. Los derechos históricos, que se materializan en el cupo vasco, y que han servido históricamente para que el PSOE y el PP acomoden sus respectivas minorías mayoritarias en las Cortes Generales, están recogidos en la Constitución como un pago a plazos (e interminable) para sustentar el hecho diferencial vascuence. Llevamos décadas con la sensibilidad diferencial a flor de piel respetando un privilegio de origen feudal y con amarres decimonónicos como una especie de sacrosanto misterio difícilmente cuestionable. Creo que hace unos años UPYD puso negro sobre blanco en un programa electoral la necesidad de acabar con reminiscencias de este tipo en un ordenamiento lógico de una democracia como es la española, donde se supone que José Ignacio Ceniceros es tan igual ante la ley como Urkullu, no un poco menos igual, sino iguales ambos ante la Agencia Tributaria o las diputaciones forales. Sin embargo, a los tres partidos riojanos con representación en el Congreso (PP, PSOE y Podemos) el asunto les trae al pairo y como un solo hombre votan a favor del cupo vasco. Ni una palabra más alta que otra, oiga; ni un rumor que navegue por el Ebro contemplando la única orilla que queda.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos