La doctora Martínez

FERNANDO SÁEZ ALDANA

Hoy, como todos los días laborables desde hace décadas, la doctora Martínez ha madrugado para estar como un clavo a las ocho sin dar en su consulta del centro de salud. Nada más enfundarse la bata ha despertado al ordenador y al punto la pantalla le ha mostrado la agenda con los tropecientos pacientes que le hayan citado. Los conoce a casi todos y un rápido repaso de los nombres le revelará qué mañana le espera. Siete horas después regresará a casa, cansada después de escuchar tantos males y aconsejar tantos remedios, pero satisfecha por haber superado otro día más un trabajo que solo puedes soportar si te gusta.

La doctora Martínez es una de las y los médicos que día tras día revalidan a pulso un milagro asistencial en la sanidad pública española: la alta satisfacción de los usuarios de la Atención Primaria con los escasos minutos que el servicio regional de salud de turno les concede para atenderlos. El dato permite varias interpretaciones pero quedémonos con la más positiva: sólo es posible obtener un notable alto con profesionales tan buenos como la doctora Martínez y sus compañeros de centro, de todos los centros, de todos los servicios autonómicos de salud. Atender a tantos pacientes en tan poco tiempo y que la mayoría se vayan a casa -o a la farmacia- contentos e incluso agradecidos requiere habilidades que no se aprenden en la facultad y sólo proporciona la experiencia.

Mañana es el último día de trabajo de la doctora Martínez tras cuarenta y dos años dedicada a «curar en ocasiones, aliviar con frecuencia, consolar siempre» durante los que siempre procuró atender a sus pacientes con honestidad profesional, buen hacer y una actualización de conocimientos hasta el último día. Su empresa podría estar atenta a un día tan especial como el último de trabajo de sus empleados y tener un detalle. Una simple llamada, una carta o, por qué no, unas flores con una notita: «Doctora Martínez, muchas gracias por su excelente trabajo exclusivamente dedicado a la sanidad pública y que disfrute muchos años de su merecida jubilación». Qué poco costaría y cuánto se agradecería. En cambio, abandonará mañana su consultorio como cualquier día, como si el lunes alguien no ocupara su lugar, como si en pocas semanas no cesaran las comparaciones y la gente, ley de vida, acabe olvidándola. Pero algo más valioso, el caluroso afecto de muchos pacientes y del personal del centro, arropará su despedida.

Mañana la doctora Martínez abandonará para siempre el centro con emoción tras miles de mañanas dando a sus pacientes lo mejor de su excelente práctica y mejor persona. Unas fueron mejores que otras pero ninguna peor que aquella en la que su amigo el doctor Narro no tuvo su suerte de salir de su consulta con vida a pocos meses del retiro .

A la doctora Martínez le espera ahora un jardín que regar y muchas mañanas para hacerlo. Felicidades, doctora.

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