Un divorcio civilizado

Es necesario proteger los derechos de los europeos residentes en el Reino Unido ante el desenlace del 'brexit'

Finalmente, y como cabía esperar incluso en los días de los mayores desencuentros políticos, económicos y de procedimiento, el Gobierno británico y el europeo alcanzaron ayer un acuerdo para fijar en un calendario oportuno y aceptable la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Por obvias razones, era imposible dar marcha atrás e ignorar la opinión del pueblo soberano, aunque en los últimos meses la pírrica victoria de la salida parecía haber sido sustituida por una opinión más juiciosa, pragmática y barata. Ningún gobierno en Londres podía emprender un vergonzoso repliegue ni la UE podía estimularlo o favorecerlo en términos políticos. En estas circunstancias se imponía dulcificar la salida lo más posible, protegiendo los derechos de los europeos residentes en suelo británico y evitar daños a terceros. Reino Unido y la UE llegaron ayer al acuerdo definitivo, con una fecha tope de cumplimiento (marzo de 2019) y la decisión de considerar al Tribunal Europeo de Justicia como árbitro de eventuales conflictos. Todo, pues, racional, factible y esperable. Lo ajustado ayer estaba sobre la mesa hace meses y el equipo europeo de Michel Barnier había dibujado como objetivos de mínimos lo ahora acordado. El tono económico, financiero y comercial del gran dosier es también un desenlace político, en sintonía con el conjunto del proceso iniciado con el desdichado referéndum, aunque sus mentores, nacionalistas y populistas, ya han sido apartados del escenario político y social por la opinión pública. Londres ha negociado con los criterios de la City el gigantesco e histórico peso financiero y comercial del Reino Unido, fríamente atento, como es su obligación, a describir, defender y aumentar si es posible la riqueza y el peso del país. El euroescepticismo británico, que ve a Europa como el continente, volvió a escena y con éxito. Bien está: con o sin Reino Unido y, desde luego, con más coherencia y militancia que con él, la UE camina bien. Es un éxito en términos generales y soportará a la perfección la deserción de un socio que era meramente comercial.

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