DISCREPANCIAS

MANUEL ALCÁNTARA

Si se pusieran de acuerdo, los disconformes ganarían todas las elecciones, pero cada uno tiene sus odios favoritos. Al Gobierno no le es suficiente con que Puigdemont renuncie a declarar la independencia y quiere que explique cómo se hace eso sin romper la llamada 'legalidad vigente'. Mientras, los separatistas reparten manuales de instrucciones para explicar cómo sería su república. La pintan buena y bonita, pero no hablan del precio, porque saben que no sería barata. Debemos reconocer que no es fácil llegar a un completo desacuerdo, porque siempre que se llega es porque ha surgido algún equívoco entre los independentistas. La suerte de la Seat la guapa la desea, que se decía en otras épocas, pero el pasado no acaba de pasar. Incluso ha reaparecido Bárcenas con sus papeles. ¿Cuántos tenía este señor? Nunca lo sabremos, pero lo peor es que tampoco lo sabrán los jueces.

El PSOE ha descartado intervenir la autonomía si Puigdemont convoca elecciones y el caballo electoral no se le desboca. Lo que se tambalea es la protección jurídica, pero lo que más nos inquieta es que los jubilados pierdan un 30% de su poder adquisitivo. Las pensiones menguan, pero si además se recortan, se quedan en nada. Está claro que no es el nuestro un país para viejos, pero tampoco lo es para jóvenes. Unos han perdido el norte y otros están desnortados. Los discrepantes tienen razón, pero saben que con ella no se va a ninguna parte.

¿Son inevitables unas elecciones generales? Lo que sea sonará y puede ser muy sonado el día del desenlace, pero habrá que juntar los pedazos de España que ha roto el independentismo. Unas elecciones no evitarían los efectos del artículo 155, pero quizá permitieran juntar los trozos. Hay banderas españolas en los balcones y la respuesta está en la calle.

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