LA DEUDA FLOTANTE

MANUEL ALCÁNTARA

Aquienes más les preocupa pagar lo que deben es a los que piensan pagar. En la noche de hoy a mañana empezará la campaña electoral del 21-D para elegir nuevo Parlamento catalán, al amparo, que para muchos coincide con el agobio, del famoso artículo 155 de la Constitución. Presagian los arúspices que la participación será histórica, pero otros adivinos dicen que será histérica, porque los votantes están tan nerviosos como los pavos durante estas fechas. Los menos preocupados por renovar el tópico las califican de «entrañables». Los independentistas nunca se sienten satisfechos con sus fracasos y aspiran a renovarlos. ¿Saben los que quieren irse a dónde irán? No es que en casa de uno se esté mejor que en ninguna parte, pero parece que hace menos frío si nos juntamos. Europa los desprecia, pero mejor sería decir que los desdeña, una vez comprobada su incompetencia política. La llamada unidad es ahora el sueño de una larga noche de invierno, pero en la batalla de ideas sólo participan guerreros mutilados.

El líder del PP ha dicho que la fábula del independentismo ya no puede dar más de sí, porque terminó mal y empezó aún peor. Los daños han sido incalculables, pero se siguen haciendo cálculos. Seis de cada diez españoles consideran imprescindible, aunque le llamen necesaria, una reforma del texto constitucional. No estaremos contentos con nosotros mismos, eso es todo. Y la verdad es que tenemos motivos. Miquel Iceta parece el más sensato, porque el desgaste del impávido Rajoy es evidente, aunque sólo lo delaten sus enemigos más plúmbeos y menos eficaces. Habrá que pagar lo que debemos y Hacienda apremia a 22 ayuntamientos a que suelten 563 millones. Entre los municipios apercibidos se encuentran cinco de las ocho capitales andaluzas. Ocurre siempre que se hacen cuentas y por eso nos resistimos a hacerlas.

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