Un deterioro doloroso

El deterioro del casco antiguo de Calahorra merece una intervención completa que vaya más allá de las actuaciones concretas y urgentes que, como la que ahora se va a emprender en la plaza de la Verdura, sean necesarias para garantizar su estabilidad. La segunda ciudad de La Rioja, dueña de una historia apabullante y poseedora además de un notable bienestar económico y social, no puede permitirse imágenes recurrentes como las de la cuesta de la Curruca, la calle Mayor o la calle del Olivo. Es cierto que el casco antiguo de Calahorra presenta notables problemas derivados, en primer lugar, de su dimensión y, en segundo término, de su abandono (1.175 viviendas están vacías), pero el Ayuntamiento y la sociedad calagurritana deberían afrontar la situación del casco antiguo como un problema acuciante -quizá el mayor que hoy tiene la ciudad- y ejecutar sin dilación alguna un plan global que al menos garantice la salubridad, la seguridad y el buen aspecto de las calles que lo integran. Intervenciones como la ya ejecutada en la Judería marcan el camino, pero queda muchísimo por hacer.

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