ANTES Y DESPUÉS, MARIANO

PABLO GARCÍA-MANCHA

El periodismo de la cosa pública tiene matices asombrosos. Por ejemplo, en el telediario de la cadena global que venimos sufragando los ciudadanos desde el origen de los tiempos emitieron antes el desmentido de Rajoy que las acusaciones de Ricardo Costa, exsecretario general del PP valenciano, en las que manifestó ante el juez que el PP había pagado las campañas electorales de 2007 y 2008 «con dinero negro de empresarios contratistas de la Generalitat». El redactor jefe del informativo de TVE aplicó un criterio cronológico para dar relevancia ambas noticias. ¿Qué era lo último? ¿Las declaraciones de Mariano o la comparecencia de Costa? Pues lo del presidente, como es natural. Así que abrió con lo más inmediato. Quedó un poco rara la cosa de Mariano contestando que no sabía nada de algo que nadie había dicho antes qué diablos era. La pirámide invertida convertida en un poliedro intemporal en el que la paradoja entre la causa y el efecto no tiene razón de ser. Alquimia pura, magia, los biorritmos hechos un disparate. Este fenómeno por el que se extravían las jerarquías de las noticias también acontece con profusión en las teles del poder autonómico, convertidas en carísimos gabinetes de prensa catódicos y radiales del gobierno de turno que es siempre el mismo, como sucede desde hace varias glaciaciones en Andalucía o el País Vasco, donde sus teles gravitan y excitan la noble causa folclórica de sus respectivos poderes territoriales. En Cataluña la tele de la 'causa' tiene más plantilla que la suma de las cuatro cadenas privadas que nos hacen la vida más fácil al conjunto de los españoles. Su concesión también fue a dedo, pero aunque le pregunten a Mariano sin paradojas temporales tampoco va a contestar. Para eso están Soraya y el CNI.

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