Despertar: un año con Trump

SYLVIA SASTRE

Acaba de cumplirse un año de la llegada al poder de Trump bajo la mirada incrédula, entonces, de buena parte de Estados Unidos y del mundo. Hoy, está claro que no ha decepcionado a los que recelaban de su categoría política, y que gobierna en Estados Unidos como un hombre de negocios agresivo más que como hombre de Estado.

En este año al frente de la mayor (hasta ahora) potencia demócrata y a lo largo del escenario mundial recorrido, está imponiendo un estilo inaudito haciendo gala de ser un personaje polémico, populista, malabarista con la verdad, que se jacta de estar enfrentado con medio país y medio mundo, sin sonrojarse por manejar la realidad a su conveniencia o dejar promesas electorales sin cumplimiento. Juzgando los hechos, no a la persona, se pone en evidencia que Trump muestra mala educación, es políticamente incorrecto, poco solidario, maneja incontinentemente las redes sociales como si fueran una prolongación del despacho oval, desprestigia a la prensa y no duda en sacarse de encima colaboradores que osan poner en duda su estilo político. Tampoco le tiembla la mano atizando puntos de conflicto como el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel o el esperpéntico reto frente al presidente norcoreano en lugar de buscar mecanismos equilibrados para la paz, y con una política internacional marcada por la no cooperación con Europa y el enfrentamiento con potencias como Rusia, China o Irán.

En su país tampoco destaca por hacer amigos, como demuestran dos hechos coincidentes con su aniversario político: la paralización económica estatal por falta de acuerdos en la aprobación del presupuesto federal, y las multitudinarias manifestaciones hostiles de mujeres en numerosas capitales norteamericanas (extendida a Europa) en la «segunda gran marcha de las mujeres». Hechos que, lejos de hacerle reflexionar críticamente sobre su gobierno, han vuelto a ser objeto de su corrosiva ironía en las redes sociales. Mientras tanto, 800.000 empleados públicos están con permiso indefinido, sin sueldo, y la democracia estadounidense libra un reto contra su debilitamiento y las fabulaciones mentirosas, que se convierte en el de todas las democracias que defienden los valores de los derechos humanos.

Un presidente polémico con el que algunos se frotan las manos, especialmente los autócratas ansiosos de legitimar su poder como Rusia o China desacreditando la teatral democracia representada por una de sus mayores potencias.

Simone de Beauvoir afirmaba «El presente no es un pasado potencial, sino el momento de elección y acción"» por ello los norteamericanos fijan la mirada en las elecciones de mitad de mandato del próximo noviembre que serán un indicador político y abrirán, quizás, el retorno de otro estilo más acorde con la democracia.

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