Desinformación en red

La posible injerencia de países extranjeros en la crisis catalana a través de internet abre un nuevo frente al Gobierno

Las sospechas de que la crisis catalana ha sido objeto de injerencias de países extranjeros a través de internet han adquirido mayor verosimilitud a medida que distintos responsables del Gobierno de Rajoy han dado validez a tal hipótesis, fundamentada en informes del CNI. Sería absurdo suponer que la marejada independentista es consecuencia de la acción robotizada de miles y miles de usuarios ficticios de las redes sociales. Pero todo apunta a que una avalancha de noticias falsas distribuidas a través de esa vía ha intentado contribuir a la ruptura del orden constitucional en España. La alarma no se ha disparado tanto por lo que ha ocurrido hasta ahora como por lo que pudiera suceder en el futuro. Sin ir más lejos, en un proceso electoral tan crítico como el del 21-D. El Gobierno trata de preservar las relaciones con Rusia y Venezuela, y evita señalar a sus mandatarios al identificar el origen geográfico de la injerencia, aunque las insinuaciones hacia el régimen de Putin ya han suscitado una airada respuesta de Moscú. El PSOE, Podemos y Ciudadanos han pedido al Gobierno que revele la información confidencial en su poder en la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso. Nos encontramos ante un desafío imposible de afrontar solo mediante la actuación pública. Sobre todo, visto lo ocurrido en las presidenciales de Estados Unidos, en las que se impuso Donald Trump. Resulta paradójico que el Parlamento catalán aprobara en julio pasado la creación de la Agencia de Ciberseguridad como «un organismo de garantías, y no de investigación», en palabras de un ponente del PDeCAT. Los incidentes de ciberseguridad que afectan a empresas y ciudadanos en España se han multiplicado por seis en dos años. Solo entre enero y octubre sumaron 113.000, anunció ayer el Instituto Nacional de Ciberseguridad. Su plantilla se verá incrementada en un 23% para afrontar los nuevos retos. Por imprescindibles que sean, esos mimbres son exiguos si de lo que se trata es de prevenir y hacer frente a un bombardeo de desinformación con eventuales efectos desestabilizadores. Es necesario que los usuarios de carne y hueso de las redes se impliquen a la hora de discernir sobre lo que circula en el ciberespacio: sobre la autenticidad de los bulos, la solidez de las especulaciones, el fundamento de acusaciones directas o de insinuaciones que pudieran afectar al ánimo de miles de personas.

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