LA DESHORA

MANUEL ALCÁNTARA

Al que tantas veces se jugó la vida, ahora ella le ha jugado una mala pasada. Ángel Nieto, que cuando montaba en moto parecía huir de sí mismo, nos ha dejado involuntariamente antes de tiempo y sin saber en qué consiste el tiempo. Algo tiene que ver con la edad, pero no todo. No estamos diseñados para vivir mucho, pero sí para estar vivos mientras se vive. Cuando le conocí, junto a Pedro Carrasco, tuve la conciencia de que estaba ante dos valientes. Eran, además, dos personas a las que les gustaba reírse, siempre que fuera lejos del ring o de la pista, pero nadie escoge la hora, excepto los suicidas. Nos dejaron «harto consuelo con su memoria», que decía el clásico, pero las despedidas son tristes porque las dos palabras que jamás entenderemos son siempre y nunca.

El muy hipócrita Trump le ha reconocido a su homólogo Peña Nieto que México no pagará el muro, pero le amenaza con romper relaciones si lo revela. «No puedes decir eso a la prensa», ha dicho, por no decirle que eso quede entre ellos. ¿Quién pagará el muro?, ¿serán los mismos que pongan los ladrillos? Ese es el caballo de batalla que se les ha desbocado a los dos mientras en España estamos muy contentos, cercanos a la euforia, por haber recuperado el 70% del empleo que se destruyó durante la crisis, aunque la temporalidad siga al alza. La técnica de dejar la tierra quemada no es buena porque tenemos que buscar algún sitio donde caernos muertos mientras hacemos por la vida, que no es peor que en otras épocas. Desde mi terraza, donde antes tomaba el sol y ahora no tomo más que el aire necesario para abrir y cerrar sus puertas, veo a muchachas camino de la playa y me dan ganas de irme con ellas en busca de la verdad. Un largo camino, que sería transitable si Junqueras y Puigdemont no pusieran piedras. Cada vez más grandes y más difíciles de esquivar.

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