Desbandada catalana

La dimisión de Artur Mas de la presidencia del PDeCAT, con la advertencia implícita de que se estaba equivocando otra vez el rumbo, ha abierto la puerta a otras retiradas no solo de esta organización, último eslabón del pujolismo, sino también de Esquerra Republicana. Tras el abandono del escaño por Carles Mundó, exconsejero de Justicia y abogado de profesión, la también republicana Carme Forcadell ha anunciado que no repetirá como presidenta de la Cámara autonómica con el argumento de que «la presidencia del Parlament debe estar libre de procesos judiciales». Asimismo, tanto el expresidente de la ANC y número dos de JxCat, Jordi Sánchez, como el presidente de Òmnium, Jordi Cuixart, y el exconseller de Interior Joaquim Forn, todos ellos en prisión provisional, aseguraban ayer al juez Pablo Llarena que el referéndum del 1-O no tenía efectos legales y renunciaban a la vía unilateral para lograr la independencia de Cataluña; Forn y Sánchez han llegado a decir que renunciarían al escaño si se regresara a la vía unilateral. Si todo esto es presagio de una rectificación, de la vuelta a la legalidad para plantear el soberanismo dentro de los cauces del estado de derecho, bienvenido sea. Si las cosas son de este modo, habrá llegado el tiempo de integrar, de dialogar y de buscar por consenso caminos de futuro.

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