Desagradables

MAYTE CIRIZA

Se acercó a su mesa de trabajo en el banco, se paró delante de ella, la miró fijamente y le dijo: «¡Ayyyyy! ¡Con lo guapa que eras!». Mi hermana se quedó sin palabras cuando esta clienta le espetó de repente esto, después de mucho tiempo sin verla. Casos de estos tenemos todos. A una amiga mía le pasó hace unos meses, salió su edad en la conversación y le dijeron: «¡Ah! ¿Pero solo tienes 49? Pensaba que tenías más». Mi amiga se quedó clavada, incapaz de reaccionar.

¿Quién no se ha topado con gente que sin tener mayor confianza contigo te hace una observación desagradable? Todos los días nos toca tratar con personas así, que te dicen cosas del tipo «con ese vestido parece que estás embarazada» o hachazos que te dejan noqueada, como «Uyyy! ¡Cómo te has puesto! ¡Has engordado!».

Normalmente, esta gente no tiene mala intención, expresan lo primero que les viene a la cabeza, sencillamente no filtran lo que dicen, con lo cual ya se sabe de qué manera se puede relacionar una con ellos: cuanto menos, mejor. Lo más recomendable en estos casos es aplicar el sentido del humor, no darle importancia y cambiar de tema. De todas formas, siempre he pensado que si no tienes nada bueno que decirle a la otra persona, lo mejor es callarse, no hay por qué hacerle ninguna observación.

El problema no es esta gente, no. El problema son los que tienen mala leche, los que descargan en ti su rabia, su frustración, su amargura vital o su soberbia. Rufián, por ejemplo, está en cabeza de la lista de los bordes y desagradables. Y, fuera de nuestro país, Trump hace todo lo posible para mantenerse también en lo más alto de la lista.

Pero no solo los vemos en la política o en la tele, en el día a día todos tenemos que lidiar con gente así. Lo ideal sería evitarlos, aunque es irremediable tener contacto con ellos. Lo que sí podemos lograr es que no nos afecte. Hay que entrenarse para ello, esto no es innato, pero hay que conseguir que esa gente no te enfade ni te cabree, porque entonces ya han logrado contagiarte y transmitirte su amargura vital o su soberbia.

Los sabelotodo, los que solo ven las dificultades, los que nunca sonríen, los que están quejándose permanentemente de todo, los que están siempre criticando a los demás, los engreídos que se creen más que el resto, los neuróticos que tienen que estar siempre controlando a los demás, los que no dejan de juzgarte y opinar sobre ti... Identifícalos, y no te dejes, que no te afecten. Vacúnate contra los desagradables.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos