DESACUERDO

MANUEL ALCÁNTARA

En lo único que coinciden los separatistas es en que 2017 fue el año más cálido registrado en España. Le echan la culpa a los barómetros, para no cargar con la responsabilidad, que si pesa tanto es porque sólo la llevan a cuestas algunos. El errante Puigdemont sigue cometiendo errores y horrores, después de haber puesto la pica en Flandes. Eso de huir a ninguna parte es lo que más dificulta la acción de la Policía y de la Guardia Civil. Lo que estamos llamando su saga-fuga ha hecho del expresidente de Cataluña la persona más conocida de España, siempre ávida de personajes pintorescos. ¿Se trata de un megalómano o de un simple majara? Se puede dudar de su salud mental, pero no de la física. Sus cáculos no fallan y si volviera a la patria que está haciendo todo lo posible por desmantelar, también viviría a mesa y mantel.

Dicen algunos psiquiatras que la locura puede ser originaria de un exceso de introspección, pero este prófugo se contesta a sí mismo cuando habla con su otro yo. Mientras, el Tribunal Supremo prevé mantener en chirona a los líderes del 'procés', que son tres, si es que a estas alturas no se ha sumado alguno más. El desbloqueo urge, pero puede esperar. Don Carles no tiene prisa y se ha agenciado un lugar cómodo hasta que algo se aclare. Ciertamente, le siguen los que están en su mismo error. ¿Se imaginan un regreso victorioso? Mucho tienen que cambiar las cosas que de suyo son cambiantes. Ni el resto de España, ni Europa, se muestran partidarias del desguace. Está perjudicando a sus propios planes el fugitivo de Waterloo, hasta el punto de que sus seguidores ya no saben a quién seguir. Los expertos dicen que el desbloqueo puede esperar, pero hay riesgo de «reiteración delictiva». Tiene un mérito eso de esperar sin esperanza.

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