DUI: Democracia, Unidad e Ideas

JAVIER GARCÍA IBÁÑEZ.- ALCALDE DE ARNEDO

Quiero comenzar esta reflexión pidiendo perdón. Sí, perdón por declararme «hijo de la Transición». No es una descripción acuñada por mí, sino por la fallecida periodista María Antonia Iglesias, con la que tuve una magnífica relación personal. Y es que estoy asustado y preocupado. Asustado por el camino que está tomando la política en general, y algunos partidos y posicionamientos políticos en particular. Preocupado por las consecuencias que esto puede tener, ya no en mi generación, que también, sino en la que nos sucederá, en la de nuestros hijos, la de mis hijos.

Partiendo de un siglo XX variable en sus formas de Gobierno y acontecimientos históricos, ¿debemos valorar la llegada de la Democracia a finales de los años setenta? Categóricamente, sí. Y no solo por ser un anhelo de nuestros padres y abuelos, sino porque era el auténtico sueño de quienes derramaron lágrimas y sangre en busca de la libertad, la paz y los derechos. El regreso al sufragio universal, la libertad de confesión, ideológica, de expresión y reunión; el derecho a una Sanidad y Educación pública, la extensión a través del Estado de Bienestar los servicios sociales a la mayoría de los ciudadanos, una Constitución democrática y, como no, la entrada de España en Europa, para equipararnos a todas las democracias occidentales.

¿Cuánto de importante es el lenguaje en Democracia? Es lo más importante. ¿Estado opresor? ¿presos políticos? ¿régimen del 78? No saben lo que dicen, y lo que es peor, no conocen las consecuencias que puede tener un análisis tan calculador, falto de profundización y pedagogía. O sí lo saben, y por tanto es horrible. Mientras haya un solo español en la cuneta, asesinado por defender la libertad y la democracia, ese tipo de aseveraciones serán un insulto a la inteligencia colectiva. ¿En qué manos estamos? ¿Cómo se puede proclamar alguien antisistema y nutrirse de él? ¿Cómo puede un parlamentario declararse independizado del estado español y seguir cobrando un salario de las Cortes de ese estado español para exhibir impresoras a modo de mofa y proferir insultos desde su escaño? Yo, cada vez que veo esas imágenes, y otras, cierro los ojos y veo a Gutiérrez Mellado forcejeando con los golpistas del 23-F en la moqueta del Congreso, y a Santiago Carrillo, tieso como un palo, sentado en su escaño tras un largo exilio, desafiando los cañones de las armas de los golpistas a sueldo de Tejero. Defendamos por favor la Democracia, ¿o acaso estamos ciegos con lo que pasa en Europa y en el mundo con la proliferación de extremismos con tintes totalitarios?

El siglo XXI comenzó con éxito. Una Europa más democrática que nunca. Y es cierto que la gestión de esa evolución positiva es más que cuestionable, pues la redistribución de la riqueza no ha llegado a todos, la desregulación de algunos mercados ha afectado a las clases medias y trabajadoras, Europa se ha desequilibrado acentuando dos velocidades y renunciando a la necesaria unión política de sus Estados miembros. Y es cierto que esto ha provocado el crecimiento exponencial del extremismo político y los nacionalismos y populismos excluyentes, con dejes racistas, clasistas y xenófobos. ¿Nacionalismos con tintes ideológicos? Desde luego, el Socialismo Democrático en el que creo profundamente es absolutamente incompatible con modo alguno de Nacionalismo, ya no digamos de Independentismo. Donde ellos quieren levantar muros y expedir carnets con pedigrí, yo quiero construir puentes y apostar por la integración de las personas.

Y Cataluña, ¿qué ha pasado en Cataluña? Tierra de vanguardia, cosmopolita y moderna. Puerta y ventana de España con el resto de Europa. En Cataluña ha pasado algo grave: la revolución burguesa y acomodada ha encontrado una coartada en forma de bandera para imponer su modelo de sectarismo, antisocial y excluyente al resto. Han fabricado una mentira salpimentada de un lenguaje feroz y peligroso que ha sazonado con niños sentados en señal de protesta, probablemente de manera inconsciente, aunque no menos inconsciencia que sus padres. Mentira que ha fabricado expectativas que acabarán en frustración. Y a quienes piensan que defender el Estado de Derecho y la Ley, es de «derechas» y reaccionario, eso sí, jugando con una peligrosa ambigüedad, calculadora electoral en mano, yo les digo: la Ley, el Estado y la Democracia son las herramientas que protegen al más débil frente al riesgo de ser pisoteado por el más poderoso.

Que la política requiere cambios urgentes, sí. Que la Constitución ha de ser reformada y adaptada al contexto social actual, por supuesto. Que España necesita limpiar de corrupción la política, sin duda. Que la Democracia es imperfecta, lo es. Que hay que mirar al futuro, siempre, pero sin olvidar de donde venimos y qué fuimos antes. ¿Y saben dónde está la solución a tanto odio, tanta simplificación y tanta irresponsabilidad? En la Educación. Ese gran pacto pendiente. No solo para mejorar académicamente a nuestros hijos, sino para profundizar en los valores de la Democracia, en la historia de nuestras vidas y en el aprendizaje de valorar lo que tenemos. Una asignatura que impartiría, en primer lugar, a muchas de sus Señorías. Esa es mi esperanza, por el bien de la humanidad.

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