La democracia avanzada

El impulso de los cambios no puede echar por tierra los grandes consensos

JUAN CARLOS VILORIA @J_CVILORIA

El nuevo director de los Mossos d'Esquadra, Pere Soler Campins, había escrito en su cuenta de Twitter cuando era concejal de Terrasa: «Espero que nos vayamos ya, porque me dais pena todos los españoles». Pero no hay un segundo tuit donde desarrolle el argumento y explique con más detalle las razones de su condolencia. Muchos le han zumbado por el estilo supremacista que destila y que bebe en las fuentes subterráneas del nacionalismo xenófobo, intolerante, 'xarneguista' de años atrás. Puede ser. Lo cierto es que no lo ha rectificado a su llegada a la cúpula de la Policía y habrá que admitir que el resto de España le seguimos dando lástima. Pero no creo que el motivo sea el laberinto en el que se ha internado este país, incluido el territorio desde donde Soler fustiga al resto creyéndose libre del desbarajuste que caracteriza este tiempo.

Se palpa en el ambiente un gusto por la deconstrucción nacional que invierte todas sus energías en revisar el pasado. Ahora el Parlamento de Aragón acaba de aprobar una nueva Ley de Memoria Histórica autonómica que suscita la derogación de la Ley de Amnistía. No recuerdo otro clamor más estruendoso durante la lucha por la democracia que el de la amnistía (junto a libertad y autonomía).

Lo cierto es que hay ahora una dialéctica política nacional cada vez más acusada que se refleja en posiciones encontradas en temas de calado: reforma de la Constitución sí o no; nación única o nación de naciones; monarquía o república; memoria histórica o pasar página; Iglesia dentro o fuera de la vida pública. Y ahora amnistía sí o no. Los defensores de la llamada 'democracia avanzada' confrontan con los defensores del régimen del 78. Y para los primeros el PP se ha convertido en el tapón que impide a España liberarse de los grilletes y encaminarse a la nueva democracia. Pero esa 'democracia avanzada' exige la deconstrucción de la historia y algunas de sus tradiciones más arraigadas. Según los politólogos más enterados, la democracia avanzada implica romper el pacto social y político nacional logrado a la salida del franquismo y encierra la voluntad de superar los marcos del capitalismo e implica también el despliegue de la lucha de clases.

Y propone la «transformación moral»: educación en nuevos valores, crear nuevos hábitos, nuevas formas de convivencia y cambios profundos en las relaciones económico-sociales y jurídico-institucionales. Existe una coincidencia de fondo en la sociedad española sobre la necesidad de más transparencia en la gestión política, lucha contra la corrupción, más derechos sociales y mayores cauces de participación popular en la vida pública. Pero también el convencimiento de que los cambios necesarios no pueden implicar la destrucción de los consensos, la manipulación de las consultas populares o el sacrificio de la individualidad frente al colectivo.

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