Demasiada siniestralidad

La DGT dio a conocer ayer los datos definitivos de siniestralidad vial correspondientes a 2016, y las cifras son inquietantes: hubo 1.810 fallecidos, 121 más que el año anterior (+7%), la mayor subida relativa de un ejercicio a otro desde 1998. Además, se ha advertido un crecimiento del 18% en las víctimas mortales que han fallecido en el interior de las ciudades. Tras 11 años consecutivos de descenso de la siniestralidad, en 2014 llegó el cambio de tendencia, y ahora el crecimiento se acentúa, lo que obliga a tomar medidas radicales para invertir esta fatal progresión. Nuestra tasa de siniestralidad es de 39 muertos por millón de habitantes, muy por debajo de la tasa europea (51), pero ello no puede servir de consuelo: tenemos obligación de consolidar y perfeccionar lo que ya habíamos conseguido. Los factores del incremento de la siniestralidad son diversos, y entre ellos están el mayor número de desplazamiento tras la crisis, el aumento del número de vehículos, la vejez crónica del parque móvil y la falta de inversión en conservación de las carreteras -y en su señalización- y en nuevas infraestructuras. Todo lo cual obliga a aplicar una panoplia interdisciplinar de medidas para volver a controlar cuanto antes la situación.

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