El cura de Oyón

FÉLIX CARIÑANOS

Caray, cómo está el patio, el patio del campo digo. No me refiero a los precios ni a las maniobras que se han de dominar para dar salida a los productos; aludo a la seca -palabra utilizada por nuestros mayores - que aprieta cada vez más reduciendo el calendario meteorológico del año al mes de agosto. Lo pistonudo es que, cuando regresan al pueblo amigos míos jubilados tras haberse apuntado a más excursiones que los personajes de Julio Verne, la cuentan igual acerca de otras zonas de España. La tenemos buena. Porque resulta que no solo escasea ese líquido maravilloso para la tierra sino también -por lo que leo y oigo- la destinada a boca. Incluso hay quien se arriesga a opinar que esto va para largo. Los labradores, entretanto, se están lanzando a sembrar, a ver qué pasa.

Y mira que la nos lo venía avisando, pero ¿qué vas a hacer si no llueve y, en consecuencia, las reservas van disminuyendo ante tus ojos? No te queda más solución que practicar el turismo de visitar aquellos pueblos que las aguas anegaron en tu infancia o juventud y que emergen como mudos testigos sumergidos de la España que fue. En tiempos cada vez más lejanos se solía rezar mientras se sacaba a los santos por las calles de la localidad; los ancianos tronzados por las interminables labores agrícolas se quitaban las boinas al paso del santo -o santas, que también las había, y muchas - y los perros y cabras observaban atentamente y con cierta prevención los chocantes ritos de los extraños humanos. Supongo que a ustedes no les consolará que yo les recuerde que existen numerosos documentos que prueban que sequías así las ha habido muy frecuentemente y que no llovía ni a tiros. Ya me entienden. En mi pueblo se cuenta de un cura sabio y sincero de Oyón (Álava) que, ante la visita de una comisión de labradores locales que le insistían para permitirles sacar al santo con ocasión de una pertinaz sequía, les respondió serenamente: «Por mí, pueden ustedes sacar al santo cuando quieran, mas tengan en cuenta que no está de llover».

En toda esta historia hay al menos un dato muy positivo: la viene de frente y suele avisar casi siempre. Te ofrece muchos bienes, pero si te apoderas de su camino, sale a tu encuentro y te saca de él. Por el contrario, en estos días y meses y años se nos está ofreciendo a las zonas rurales y urbanas españolas un espectáculo tragicómico en que la flor y nata de la política intenta educarnos simultáneamente en el sí y el no, seguro y acaso, verdad y mentira, infalibilidad e inseguridad. La misma procesión de siempre. Así no lloverá en España: con santos como estos nunca estará de llover. Y mira que ya nos lo advirtió el cura.

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