Cumbre decepcionante

Concluida la cumbre del clima (COP23) celebrada en Bonn, el desenlace ha sido decepcionante ya que la mayoría de los asuntos ha sido sencillamente aplazada. Y ello a pesar de que un número creciente de sucesos catastróficos (huracanes, sequías...) nos recuerda a cada paso la gravedad del problema, que en el último año se ha agravado al hacer crecido un 2% las emisiones de CO2 a la atmósfera, tras dos años de esperanzador estancamiento. De hecho, el gran objetivo de la cumbre relativamente fallida era empezar a redactar el reglamento del Acuerdo de París, pero los actores reconocen que será preciso mucho mayor empuje para que el documento esté concluido antes de finales de 2018. La ausencia de Washington en los debates decisivos de la cumbre, suplida en parte por numerosos representantes de la sociedad civil americana, no se ha dejado sentir en demasía pero muchos participantes han acusado el golpe, conscientes de que esta deserción hiere gravemente el acuerdo. España, por su parte, es uno de los pocos países de Europa occidental -junto con Polonia y Alemania- que no ha firmado el compromiso gradual para poner fin a la producción de carbón con el año 2030 como horizonte.

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