CULPABLES DE INOCENCIA

MANUEL ALCÁNTARA

El presidente de la patronal catalana, que ojalá se equivoque en su profecía, dice que Cataluña puede estar diez años sin crecimiento y que no tiene sentido pretender que alguien privado de libertad presida la Generalitat. Estos ramalazos de 'seny' siempre le dan ánimos a los más desanimados, mientras el Banco de España nos avisa de que el gasto público en pensiones, sanidad y cuidados crecerá durante las próximas décadas. La culpa, como la falsa moneda, nadie quiere quedársela y va de mano en mano sin saber cuál es la más pecadora, porque ninguna está libre de pecado. Ante la indecisión se ha optado por que carguemos con ella los viejos, que no tenemos una idea clara de cuándo debemos morirnos sin dejar señas de nuestra futura dirección.

El que fuera presidente de la Junta de Andalucía durante diecinueve años está acusado ahora de la mayor trama de corrupción de España. ¡Qué fácil es golpear a alguien que está caído! Griñán y él siempre nos parecieron a algunos dos personas decentes. ¿Dónde están sus amigos, sus favorecidos y sus cómplices? Quisieron hacer posible no sólo lo deseable, sino lo imposible: que en este patio interior de España todos tuvieran algo que comer dos veces al día. Ahora están acusados incluso por aquellos a quienes beneficiaron. Veinte altos cargos, guarecidos bajo la 'omertá', también van a ser juzgados. El viejo grito de '¡ay de los vencidos!' sigue resonando y hay carteles denigratorios en los muros de la patria nuestra y en sus tabiques interiores. El nacionalismo radical siempre ha unido mucho, pero su capacidad de desunión es cada vez mayor. Sánchez pone en duda la imparcialidad de Llarena y Junqueras asegura que no se desvió un solo euro para el referéndum. La verdad sigue en su pozo. No se atreve a asomarse.

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