Cuentas transparentes

La fragmentación del arco parlamentario autonómico y un gobierno en minoría se han convertido en una oportunidad para alcanzar acuerdos impensables en legislaturas anteriores fruto de la negociación, del pacto entre las principales sensibilidades representadas y, porqué no decirlo, de la necesidad. La denominada Ley de Cuentas Abiertas, aprobada hace nueve meses con la unanimidad de todos los grupos aunque no sin reproches cruzados, es un caso paradigmático de en lo que puede desembocar la conjunción de la ausencia de una mayoría absoluta y de cierto grado de buena voluntad: poner luz y transparencia en los, cuando menos hasta ahora, intrincados y oscuros vericuetos por donde se mueven los fondos públicos, el dinero de todos. El ambicioso objetivo es que el ciudadano tenga a tiro de un 'clic' del ratón de su ordenador toda la información sobre las cuentas de titularidad pública de la misma manera que puede hacerlo con sus cuentas privadas para conocer el estado de sus pagos, abonos, recibidos... En el marco de una pretendida transparencia, el afán no es menor. Sólo hay que asegurarse de que la información accesible es lo suficientemente clara como para que no deje de cumplir su pretensión por saturación, como ha ocurrido con anterioridad en iniciativas de infeliz resultado.

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