Cuatro décadas de progreso social y económico

«La Constitución constituye esa base por la que España fue capaz de transitar de una economía frágil a otra moderna, preparada y capacitada para seguir mirando al futuro con confianza»

CUCA GAMARRAALCALDESA DE LOGROÑO

Hace cuarenta años desde que España celebrara sus primeras elecciones democráticas. Aquellos comicios otorgaron protagonismo a todas las ideologías y a todas las fuerzas políticas que por aquel entonces reclamaban su espacio en el seno de un nuevo y prometedor Estado que empezaba a gestarse.

Aquellas elecciones dieron paso a la redacción, votación y aprobación de una Constitución de la que en este 2018 tan próximo ya, cumplimos su cuarenta aniversario.

Cuatro decenios que han sellado la época democrática más longeva de la historia reciente de España, que han fijado con una solidez encomiable los principios de solidaridad e igualdad y que han consagrado los derechos individuales por los cuales nos regimos.

Cuatro décadas en los que este gran país que es España, en base a aquella Constitución de 1978, se ha consolidado hasta situarse como una de las democracias más avanzadas, modernas y aventajadas de Europa y del mundo.

Casi cuarenta años de una Carta Magna, adelantada a su tiempo, que han permitido a España alcanzar unas cotas de progreso social y económico que ni los más entusiastas se animaban a vaticinar.

Su aprobación fue el reflejo de un evidente ánimo por materializar un renovado estado de convivencia, que desde la concordia avanzara hacia el bienestar y se afianzara en el pluralismo, la libertad y la tolerancia.

Son estos los principios que impulsaron un nuevo modelo de cohabitar basado en el gobierno de la mayoría y en el respeto incuestionable hacia las minorías y en el que todavía hoy día pueden verse reflejados quienes impulsaron el cambio, pero también las generaciones más jóvenes.

Es habitual no conceder ni reconocer su justo y equitativo valor a una situación óptima cuando no se han sentido de cerca los efectos de otros tiempos ausentes de libertad y de estado de derecho.

Hoy, todos batallamos por grandes objetivos comunes como pueden ser la inclusión, el respeto al medio ambiente o el desarrollo social y económico.

Y es cierto que desde una perspectiva estrictamente política podemos plantear diferentes caminos a través de los que alcanzar esos grandes retos comunes. Como también es cierto que hemos aprendido a hacer uso del diálogo, de la negociación, del consenso y, evidentemente, del acuerdo con el firme propósito de avanzar juntos.

Pudiera desprenderse de estas palabras cierta concesión a la complacencia, y en parte lo es, sin negar, desde luego, un firme ánimo de inconformismo y un espíritu combativo por seguir progresando, eso sí, desde la Constitución, porque en ella cabe todo.

No podemos olvidar que la Constitución constituye esa base por la que España fue capaz de transitar de una economía frágil a otra moderna, preparada y capacitada para seguir mirando al futuro con confianza.

Asimismo, estableció los cimientos para afrontar y solucionar problemas sociales tradicionales que se presentaban enquistados y otros que irrumpieron a merced de las circunstancias y a los que también hemos sido capaces de poner límites.

En definitiva, la Constitución es una victoria colectiva que no prescindió de nadie. Gracias a ella mantenemos unos fundamentos de cohesión, igualdad y solidaridad y proyectamos hacia el futuro un estado de bienestar por el que tanto hemos luchado, que tanto valoramos en la actualidad, y por el que habrá que seguir batallando para colmar nuevas cotas.

Hemos padecido recientemente una estrafalaria invectiva que amenazaba con desestabilizar España y la unidad de una nación que ha sido capaz de brindar voz, voto y protagonismo a la minoría sin menoscabar la decisión mayoritaria.

Una acometida más propia de una escenografía basada en el esperpento y anclada en el disparate que ha sido sofocada gracias a los principios redactados, votados y aprobados democráticamente en aquella Constitución que este próximo año cumplirá cuarenta años y que ha sido capaz de restaurar ese contexto de unidad por el que, históricamente, tanto nos hemos empeñado.

Es un buen momento, aprovechando los momentos señalados que nos ofrece el paso del tiempo, para conceder un instante a la reflexión y analizar lo que éramos y lo que somos. Y analizar con serenidad el enorme paso hacia la prosperidad que supusieron las primeras elecciones democráticas y la aprobación de la Constitución Española un año después.

Si lo evaluamos con sinceridad, aquel hito histórico de hace cuatro décadas nos dirigió directamente hacia ese contexto de desarrollo económico y social, hacia ese estado de bienestar basado en el progreso, en la igualdad, en la solidaridad y en el respeto en el que hoy vivimos, pero sobre todo, en el que hoy convivimos.

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