La crisis y los vecinos

FÉLIX CARIÑANOS

Oigan, mira que está animado el patio de la vecindad española; así da gusto porque tienes donde elegir y entretenerte de lo lindo. Por si no fuera suficiente, nos llega la noticia de que, a poco que se descuiden los economistas que más saben, nos va a visitar otra crisis, la cual será, según estos sabios que no sabrán detenerla, peor que la anterior. La buena nueva nos la regalan desde Estados Unidos, ese macropuzzle de personal procedente de casi todos los países, incluida la Luna, que enreda preferentemente en todos los charcos donde haya líquido negruzco o en todas las simas en las que tratan de emerger los nuevos poderes del planeta. Pues nada, que somos pocos y nos quieren convencer de que va a parir la bisabuela.

Yo eso de la crisis no me lo he creído nunca porque o se nos da en cucharaditas poco a poco como a los nenes o se nos dice que será para mejor. Según algunos, quienes afrontan mejor esos cambios profundos son los creyentes, puesto que la mayor de las crisis, la Parca, es un sencillo paso a una vida mejor; anda, así ya se puede. Otros, entre los que se cuentan los grandes economistas del mundo mundial, por ejemplo don Rodrigo Rato, afirman sonrientes que «es cosa del sistema, amigos». De manera que tiene usted, lector, un montón de profesores de los que aprender. Los de campo solían aconsejar: «Cuando llueve, empina la bota y bebe».

Por lo que yo estoy viendo estos días, tengo la impresión de que mucho personal se fía poco de esas clases de maestros y camina en la vida diaria con otra manera de ver las cosas, mientras que los de arriba, según ha ocurrido desde más allá de los Reyes Católicos, no son proclives a mejorar las calles. Yo, por lo pronto, me he pasado un buen rato leyendo estos días un tebeo de bastantes páginas editado recientemente sobre la vida de José Antonio Labordeta, el cantautor, mochilero y político aragonés. Aún recuerdo una jota que escuché en Zaragoza en mis tiempos de la Universidad: «La Virgen del Pilar dice / que no quiere oír a Fleta, / que prefiere las canciones / de Jantonio Labordeta».

Miguel Fleta, el gran tenor aragonés, fue precisamente quien cantó el 11 de octubre de 1925 desde un balcón del zaragozano Hotel Inglaterra a los expedicionarios repatriados de la Guerra de África que se dirigían a El Pilar: «Andad a ver a la Virgen, / que yo también iré a verla / y le pediré llorando / que acabe pronto la guerra». Parece ser que España estaba en crisis. Cincuenta años después, el grupo «La Bullonera» ironizaba sobre la saga de jotas tópicas acerca del famoso mito pilariego: «La Virgen del Pilar dice, / dice que no dice nada, / dice que, por más que diga, / que se nos llevan el agua». Pero ya en la segunda mitad del siglo XIX en Cartagena se cantaba: «Si la República viene, / no habrá quintos en España; / por eso aquí hasta la Virgen / se ha vuelto republicana». En definitiva, yo pienso que nos encontramos en una crisis permanente. Así que soluciónela como mejor sepa junto con los vecinos de al lado. ¿Ve usted qué fácil?

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