Crisis política en Alemania

El SPD hace bien en replantear su decisión de no apoyar la reelección de Merkel

Equivocándose mucho, el nuevo líder de los liberales alemanes, Christian Lindner, un cortoplacista alejado de la recomendable madurez política, arruinó con sus pretensiones la abierta posibilidad de formar un gobierno de coalición en Berlín con los cristianodemócratas (CDU) y los Verdes tras las recientes elecciones. Su negativa a aceptar los planteamientos de Angela Merkel, generosos y coherentes con la situación, abrieron el jueves una clara expectativa de repetición de las legislativas de septiembre que casi nadie quiere, excepto tal vez la ultraderecha nacionalista ahora presente en el Bundestag. Felizmente, y contra su conocida y muy publicitada previsión oficial, los socialdemócratas, ahora en la alianza saliente, parecen reconsiderar su criterio de no cooperar en la gobernación y es probable que el SPD esté de nuevo en un Ejecutivo de gran coalición si sus militantes, que serán consultados, respaldan su programa. Y acertarán de plano si así lo hacen. Sorprende y aflige el espectáculo de una RFA con un gobierno en funciones y, lo que es peor, la escasa altura de miras en algunos factores políticos que se tenían por sólidos y solventes y cuyos líderes no parecen valorar el papel central que su país tiene en la difícil coyuntura que atraviesa la Unión Europea. En este escenario la credibilidad del europeísmo alemán y el éxito de sus administraciones, democristianas o socialdemócratas, aparecen como un eje central e indispensable del proyecto. Aunque su gestión ha sido eficaz y digna de alabanza es un hecho que el aluvión de refugiados (con un millón y medio de peticionarios de asilo) ha suscitado preocupaciones que la ultraderecha nacionalista germana está aprovechando sin rebozo. El peligro es obvio y los grandes partidos genuinamente democráticos deben afrontarlo y tienen las herramientas para ello. El SPD hace bien en reconsiderar su decisión de no formar parte de un gobierno de coalición que, por lo demás, cuenta con antecedentes de éxito en el país. Podría ser un fuerte y solvente ejecutivo bipartito bien posicionado y bien armado para hacer frente al ominoso ímpetu ultra. Ojala la canciller Merkel, que en cierto modo hoy se bate por todos nosotros, tenga suerte. Se la merece.

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