Crisis en Arabia Saudí

En el curioso sistema Saud, que el fundador del reino saudí dejó bien establecido a su muerte en 1953, sus hijos, un puñado de ellos escogidos del centenar muy largo que tuvo, debía asegurar la sucesión y la viabilidad del reino wahabí. Hay que reconocer que ha funcionado y los siete soberanos que le han seguido han muerto de viejos o tras retirarse a tiempo. Por eso es tan relevante lo sucedido en los dos últimos días en el país: el príncipe heredero, Mohamed bin Salmán tomó la decisión de operar una especie de contragolpe contra sus adversarios, cesó a cientos de altos cargos, hizo detener a miles de funcionarios, creó un temible 'comité anticorrupción' y a sus 32 años impuso al modo local su autoridad. Designado en 2015 como su sucesor por su padre, el octogenario rey Salmán, fue entronizado en junio pasado como príncipe heredero, pero desde entonces ha bregado contra los intereses creados. En preparación de su cercano acceso al trono ha dado un golpe de autoridad, oficialmente bendecido por la autoridad religiosa, y que, aunque presentado sobre todo como una operación de limpieza, es una exhibición de poder y un aviso a sus adversarios.

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