La Constitución no es un elefante

Los 'indepes' actúan como si la legalidad fuera un ente inventado por Rajoy

JUAN CARLOS VILORIA

El diputado independentista Gabriel Rufián ha vuelto a poner de moda la teoría de los marcos mentales de George Lakoff que tanto éxito cosechó durante la hegemonía política del Partido Republicano en las dos presidencias de George Bush. El problema es que el peculiar político de Esquerra Republicana de Cataluña ha realizado la adaptación por libre de una teoría útil en la estrategia política legal. Rufián confunde los marcos mentales del Partido Republicano que el catedrático de la Universidad de Berkeley recomendaba ignorar: «No pienses en un elefante» (símbolo del Partido Republicano), con los marcos legales. El discurso del independentismo catalán de acuerdo con esa premisa, sería: «No pienses en la Constitución». Como si la Constitución del 78 fuera un elefante. Ni es un elefante, ni es un marco mental. Es un marco legal. Ahí está la diferencia.

El argumentario de última hora del independentismo a la brava incita a los catalanes a actuar mentalmente como si la Constitución, el Estado, el Tribunal Constitucional, la Unión Europea, la otra mitad de Cataluña, la oposición en el Parlament, fuesen metáforas o estructuras mentales imaginarias creadas por los adversarios del referéndum ilegal. Pero son realidades legales y tangibles. Ignorarlas es como esconder la cabeza en la tierra. Durante un tiempo puede facilitar el discurso de «Cataluña solo quiere votar y votar es democrático». Pero al final del sueño, como el cuento de Monterroso, el dinosaurio/el elefante/ estará ahí. Según Lakoff, los 'marcos' son estructuras mentales que conforman nuestro modo de ver el mundo; todas las palabras se definen en relación a marcos conceptuales. Y puesto que el lenguaje activa los marcos, los nuevos requerirán un nuevo lenguaje.

Los 'indepes' más obcecados están empeñados en convencer a la opinión pública catalana de que el único marco mental en que debe pensar es que quiere votar, que votar es democrático y que no hay ley que pueda impedirlo. Que todo lo demás, instituciones, tribunales, oposición, derecho internacional, es decir el marco legal vigente, es algo franquista, antidemocrático, anticatalanista, opresor. El objetivo último es imponer el relato de que no hay nada «de malo» en ir a votar si o no. Que la legalidad, los tribunales, la Constitución son «estructuras mentales» generadas por el PP o por Rajoy. El argumento nos traslada a etapas pre-democráticas porque ignora la construcción histórica de la convivencia entre diferentes intereses a través de un compendio legal de obligaciones y derechos.

Este marco legal no permite hacer al electorado promesas (como la de celebrar un referéndum de autodeterminación) que son imposibles por ilegales. Esa es la trampa dialéctica que le permite a los soberanistas decir que tenemos que cumplir «el mandato» de las urnas. Es un mandato inducido por los políticos independentistas lo que constituye el pecado original de todo el procés.

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