Constitución y concordia

«La verdadera revolución no es la ruptura sino la cultura. La auténtica revolución es defender la causa constitucional porque en esta norma ya hay muchas revoluciones, sutiles batallas, borbotones de generosidad y enormes dosis de futuro»

El pasado 27 de octubre tuvo lugar el Primer torneo nacional de debate Adolfo Suárez en el colegio mayor universitario Alcalá. Acudí como jurado y pude disfrutar de charlas de diferentes personalidades políticas y profesionales, entre los que se encontraba el arnedano Pablo Simón. El tema elegido, cómo no, era la situación en Cataluña. Me permito transcribir la charla que sobre la concordia constitucional pude dirigir a los participantes.

«A lo largo de estos meses, en informativos, cafés, tertulias, etc., la palabra más mencionada es 'Cataluña'. Todos tenemos una opinión al respecto.

Para algunos domina el hartazgo, para otros la incertidumbre; para todos, cierta dosis de preocupación. Y precisamente ese hecho es fundamental para resaltar que todos, o como decía Blas de Otero: ''La inmensa mayoría'' nos sentimos con el derecho a opinar sobre lo que nos preocupa: el futuro de España.

Podríamos entender que es el reflejo cotidiano de lo que se ha dado en llamar la soberanía nacional. Instintivamente, hemos interiorizado ese algo indeterminado que vivimos como propio y con independencia de que seamos riojanos, madrileños o catalanes. Unamuno hablaba de 'intrahistoria', Cánovas, de 'Constitución interna'; Miguel Hernández lo gritó en 'Vientos del pueblo'. Y sin descender al territorio de la nostalgia o el sentimentalismo, algo parece haber despertado en un país que necesita referencias que nos unan desde el corazón. Lo hace la selección de fútbol si gana, y ahora parece que nos sacudimos los complejos de enarbolar una bandera que representa a todos los españoles sin que se nos tilde de franquistas.

En este contexto, vale la pena recordar que las comunidades autónomas en sus límites y configuración son un proceso pactado. Atrás quedaban las demarcaciones provinciales del ministro Javier de Burgos en 1833 Y en esa España ansiosa, esperanzada y complicada fuimos capaces de encajar todas las piezas y pasar de una dictadura al país más descentralizado de Europa. De las provincias y gobernadores a las comunidades autónomas elegidas, consensuadas, democráticas. Permitan que insista en esta hazaña institucional. Porque esa es otra de las claves de esta Constitución y que conviene tener muy presente ante cualquier revisión: lo que se revise que sea desde el consenso y con sosiego y para mejorar lo que ahora disfrutamos.

La intrahistoria y la historia española es muy tozuda y nos advierte de ese fantasma siempre presente que es el conflicto territorial: las guerras carlistas, cantonalismo republicano, nacionalismo fanático, o el terrible terrorismo, hasta llegar al presente. Todo ello planeaba en el constituyente del 78, así que ahora más que nunca, también debe ser tenido muy en cuenta ante cualquier legítima revisión constitucional.

Dentro de la normalidad constitucional hemos descubierto que las comunidades autónomas están siempre sujetas a un interés general que es superior a cualquier tentación totalitaria.

Esa normalidad se llame artículo 155 o 57, se soporta en la decidida voluntad de un contrato social que nos protege ante ese riesgo tan humano que describía Hobbes: ''Homo homini lupus'' (El hombre es un lobo para el hombre).

Esa normalidad ha funcionado con plenas garantías. Pero esa normalidad, que ha permitido superar grandes desafíos contemporáneos, no es gratis, no es providencial. Esa normalidad hemos de cultivarla, cuidarla, protegerla sin sentimentalismos ni trincheras, sino con la razón del derecho y el esfuerzo de concordia.

Antonio Tajani señalaba en los Premios Princesa de Asturias, que las amenazas a la concordia provenían del populismo y del nacionalismo. Nada bueno puede provenir del rencor, de la falsa superioridad, de la coacción o de alimentar ensoñaciones.

La verdadera revolución no es la ruptura sino la cultura. La auténtica revolución es defender la causa constitucional porque en esta norma ya hay muchas revoluciones, sutiles batallas, borbotones de generosidad y enormes dosis de futuro.

En esta Constitución que algunos quieren aparcar hemos encontrado la respuesta apropiada a todos los conflictos que nos han amenazado. Conviene que recordemos estas reflexiones ante cualquier reforma constitucional. Hoy el presente es España, el futuro será España.

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