Conflicto tribal

Las pasiones exaltadas de los pueblos primitivos acaban llevando a situaciones de la máxima gravedad

DIEGO CARCEDO

El llamado 'procés' soberanista de Cataluña no es un conflicto ni propio ni siquiera imaginable en la Unión Europea: tanto sus componentes como planteamiento tienen carácter tribal y responden a los patrones propios del Tercer Mundo. Las pasiones exaltadas de pueblos primitivos acaban llevando con frecuencia a situaciones de la máxima gravedad. Hay muchos ejemplos recientes en África donde los enfrentamientos étnicos, religiosos o consecuencia de intereses primarios como la accesibilidad al agua o la protección de las fronteras, se resuelven con flechas y lanzas.

En Cataluña no ocurre nada de esto, pero la exaltación de quienes reivindican la independencia no es menos pasional y, por supuesto, menos ajustada a los hechos que enarbolan. Entre catalanes y el resto de los españoles no hay diferencias sustanciales de nada, desde luego menores que las que existen en la inmensa mayor parte de los países del mundo. Las alegaciones del derecho a la autodeterminación no cumplen ni una sola de las condiciones que la ONU exige para reconocerla sin reparar en que además son falsas.

El deseo de adquirir la soberanía de una parte de la población catalana puede ser entendido y aceptado meramente desde un convencimiento intelectual, pero ni pragmático ni racional. Es un impulso que se salta las leyes democráticas, no duda en mentir sobre la realidad discriminatoria existente para reforzar sus ideas y, lo peor, es que además pone en riesgo la convivencia, la normalidad económica y el futuro de las personas afectadas.

Fuera de Cataluña nadie es capaz de entender nada, ni sobre el fondo ni sobre la forma de la exigencia, y dentro sólo una minoría lo acepta seguramente movida por las falsedades de una propaganda apabullante que intenta lavar los cerebros y cerrarles las posibilidades de que piensen y concluyan por si solas. En el extranjero, desde donde se sigue el esperpento con indiferentes movimientos de cabeza y sonrisas de incomprensión, nadie lo aplaude excluidos los que en otras regiones quieren aprovecharse del ejemplo.

Todos los responsables de organismos internacionales han anticipado que lo que los secesionistas de la CUP y sus dóciles seguidores del PDeCAT y ERC quieren no es viable. Las empresas que hasta ahora evitaron pronunciarse en espera de que se lo diesen resuelto, ahora expresan su preocupación. Las organizaciones financieras lanzan continuas alertas de la catástrofe. Standard&Poor's ya ha situado la valoración de la confianza de la economía de Cataluña como la peor de España, otras la han rebajada a la condición de bono basura. Pero todo eso los líderes independentistas no lo quieren tener en cuenta; que a sus paisanos les está perjudicando en todos los órdenes de la vida el conflicto que mantienen contra la legitimidad del Estado no les importa. En las luchas de origen tribal los guerreros sólo gritan y apuntan con sus flechas.

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