La confesión de Costa

Los incesantes señalamientos al PP por corrupción constituyen un factor de desgaste para el partido de Rajoy

Ricardo Costa, ex secretario general del PP valenciano, confesó ayer su implicación en la financiación ilegal del partido en esa comunidad, y apuntó al expresidente regional Francisco Camps y a otros dirigentes populares como responsables de haber recaudado dinero opaco entre empresarios para las campañas electorales de 2007 y 2008. El juicio sobre la actuación de la trama 'Gürtel' en la Comunidad Valenciana ha conseguido que muchos de sus principales protagonistas y beneficiarios hayan acabado por admitir sus culpas y por delatar a otros implicados. El juicio oral aflora la verosímil concurrencia de delitos electorales, concesiones públicas a cuenta de mordidas, malversación continuada y falsedad en la facturación. Diez años después de que el partido de Rajoy decidiera enrocarse en la negación primero y en la evasiva después para afrontar los casos de corrupción, las evidencias testimoniales siguen apuntando en la misma dirección. La denuncia coral en 2009 de que la 'Gürtel' era «una trama contra el PP» se desvaneció inmediatamente. Le siguió el argumento de que las urnas exoneraban a los populares de toda acusación de cohecho o prevaricación. Pero la verdad de los hechos se está mostrando judicialmente más tozuda que la elusión de responsabilidades. Las palabras con las que Rajoy quiso desentenderse ayer de algo que insiste en desconocer no le exculpan, sino que le interpelan cuando menos por su falta de diligencia en la conducción de un partido que lidera desde nada menos que octubre de 2004, en medio de continuas acusaciones de corrupción. Las declaraciones de Carlos Floriano en las que considera las manifestaciones de Ricardo Costa en la Audiencia Nacional como expresión de su legítima estrategia de defensa, lo que a su entender eximiría al PP de tener que responder a sus imputaciones, son un ejemplo elocuente de irrealidad. El Partido Popular se encuentra atenazado entre el señalamiento de sus responsabilidades políticas en los casos de corrupción y su empeño en negarlo todo ante indicios, pruebas y hasta sentencias. Pero el relato de Rajoy sobre sus esfuerzos para la reactivación económica y el empleo, frente al recordatorio de incesantes denuncias de corrupción, se topó ayer con una confesión descarnada por parte de Ricardo Costa, que asumió su culpabilidad, mientras la extendía y elevaba hacia Francisco Camps.

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