La comodidad

SYLVIA SASTRE

Vivir hoy supone disfrutar de un incontable número de comodidades desconocidas por las generaciones anteriores (ordenadores, electrodomésticos, servicios en red, etc.); su fuerza es a veces subestimada y poco conocida, aunque para los expertos sea un poderoso motor que incide y condiciona nuestras decisiones y opiniones, tanto a nivel individual como de macro estructura económica, fomentando la creación constante de numerosos instrumentos, servicios y medios que nos la facilitan en todos los contextos cotidianos. Hoy es fácil gestionar desde casa nuestras cuentas bancarias o viajes, adquirir cualquier producto natural o preparado, acceder a cualquier medio por el que deberíamos desplazarnos o aplicar esfuerzo, acceder a conocimientos o lecturas, etc.

La fuerza de la comodidad es tan relevante que nos abre a posibilidades que serían difíciles de conseguir, pero también influye en nuestra manera de actuar cuando tomamos decisiones o realizamos las acciones que nos son más 'cómodas' atendiendo a ello más que a su pertinencia o eficacia; en suma, incide en la organización de nuestra vida. Muchas personas hacen de ella un valor y un modo de vivir que se refleja en el 'espacio psicológico de confort' que procuramos construir para sentimos seguros y actuar confortablemente, minimizando el esfuerzo mental y físico. No obstante, y sin ningún ánimo retrógrado ni moralista, instalarse en la comodidad como valor prioritario supone abandonarse al culto hacia ella, abrazando el de la no dificultad y el no esfuerzo que, quizás, no sea siempre lo mejor.

Tal vez deberíamos confrontar y compaginar la comodidad con lo sustancial, poniéndola al servicio de una finalidad para la que es un medio, no un fin. Ser persona es algo más que buscar siempre lo más fácil, supone (y ha supuesto siempre) afrontar desafíos, gestionar tareas, hacer, esforzarse y luchar por un destino propio. No nos extrañemos si las nuevas generaciones adolecen de falta de motivación y esfuerzo personal mientras les mostremos modelos de vida consistentes en hacer lo mismo; no nos extrañemos de que se encapsulen en el entorno que les ofrece el espacio tecnológico y digital si no afrontan que el mundo real es distinto del de la ficción, y que manejar esta ficción no es igual al manejo de la vida diaria con el caleidoscópico engranaje de variables que la configuran, la importancia de la toma racional de decisiones con riesgo y los preparativos, tiempo y esfuerzo para el logro. Y esto es aplicable en nuestra vida personal, la de nuestros hijos y exigible en nuestros gobernantes.

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