LA COMISIÓN GESTORA

MANUEL ALCÁNTARA

Hasta que lleguen los comicios, que tendrán que llegar, todo está en las pecadoras manos del president Carles Puigdemont y sus demonios más próximos, que son los que mantienen el fuego del independentismo, que sólo es sagrado para los incendiarios. Vivir juntos sería más fácil si no hubiera problemas de convivencia, pero eso le pasa a muchos matrimonios y algunas parejas de hecho y a otras de deshecho de tienta y defectuosas. Lo que Dios ha unido lo puede desatar cualquier párroco amateur o cualquier funcionario de su Ayuntamiento, porque la legalidad es una parienta lejana de la Justicia y ésta sigue estando en las rodillas de los dioses y a veces se disfraza en el artículo 155, que sigue dando mucho juego. El Gobierno, al que nadie le arrienda las pérdidas, ha rechazado la oferta de Puigdemont y anunciará ceses mientras designa una comisión que se haga cargo de los destrozos hasta los próximos comicios. Si alguien supiera lo que hay que hacer lo hubiera hecho y habría apostado al caballo ganador, sin reparar en sus rebuznos que delatan que era un borrico irreparable y tan sufrido como todos los de su sumisa especie.

La única salida, según dicen, es el retorno a la legalidad, pero no sabemos cuál es el sendero, porque nadie lo ha transitado antes sin extraviarse por sus vericuetos. ¿Llegará un día en el que tengamos que acudir al rescate de Cataluña? El insensato Puigdemont no ha recobrado parte de su sensatez y no ha renunciado a la declaración de independencia, ya que no depende sólo de él. Los llamados radicales amenazan con llevar el conflicto a la calle. Ayer salimos de dudas, pero a condición de entrar en otras que no tienen más salida que la que ni ustedes ni yo queremos nombrar porque trae mala suerte. Hasta a Puigdemont se le ponen los pelos de punta.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos