De colores y hablas

FÉLIX CARIÑANOS

Hay que ver cuánta importancia dan algunas personas a ciertas circunstancias de la vida; por ejemplo, a coincidir con otros humanos en colores de vestidos en una reunión o acto social. Ha debido de ocurrir hace dos semanas por los comentarios de un diplomático a partir de la coincidencia del color rojo en la indumentaria llevada por la presidenta andaluza Susana Díaz con la traída por la reina Letizia. Uno supone que es difícil para una mujer que frecuenta ese tipo de reuniones el adivinar qué color mostrarán las otras damas en el evento. Continúo suponiendo que no existirán equipos de espías que se ganen la vida investigando en cancillerías, festivales de cine, convenciones políticas, conferencias empresariales, concesiones de premios, de manera que su patrocinada luzca modelos exclusivos.

A Paco, el camarero que me sirve en la mañana el café con leche, la opinión del diplomático destituido no le ha parecido nada interesante porque -dice- lo mismo ocurre con las filas de hombres que comparten la fotografía comentada, todos ellos con trajes de tono azul. Cierto es que la gama cromática del rojo y del azul es muy variada; basta para confirmarlo que entre usted en un comercio de telas o consulte a un profesional del ramo. Verdadero es asimismo que se dan las mujeres a quienes encanta la singularidad, mas también abundan las que salvan el acontecimiento con prendas que les encantarán durante años. Con los hombres sucede algo semejante, para qué extenderme. Suelo verlo en las bodas de los pueblos, y comprende hasta la labor de peluquería.

Por si fuera escasamente llamativa la metedura de pata del diplomático en cuanto al color seleccionado por la presidenta, el entonces cónsul ridiculizó el habla andaluza, sevillana más concretamente, de Susana durante la intervención que protagonizó dentro de ese mismo acto. Probablemente no acertó a medir sus palabras, puesto que burlarse de esa habla equivale a incluir en la chanza la pluralidad de regionalismos que enriquecen las entonaciones, las pronunciaciones, los vocabularios del español peninsular e insular, aspectos que hacen de este idioma una almazuela maravillosa.

Así que no le dé usted tantas vueltas a lo de los colores en las reuniones ni a las pronunciaciones -incluido lo del y - en los discursos. Y aquí paro, que hoy tengo boda y me lo voy a pasar pistonudamente con mi traje tan parecido al de mis convecinos y con ese saludo tan internacionalista: «¿Qué pasa, pues?».

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