COGOLLO DE LA CULTURA

ALBERTO PIZARRO

Cuando a Rafael Azcona se le otorgó el Galardón a las Bellas Artes de La Rioja, Elías del Río se las ingenió para sentarlo ante el caballete, hacerle un retrato y perpetrar una entrevista. Hace años que murió el guionista riojano, pero la estancia en Logroño de su amigo Manuel Vicent (para participar, entre otras actividades de CuéntaLO, en un mano a mano con Bernardo Sánchez en el centro Caja Rioja-Bankia Gran Vía) hizo que la inauguración de la exposición del pintor, al ser en la sala paredaña y a la misma hora, resultase un poco faltada.

Si otras veces he dirigido a los políticos invectivas -que intuyo se pasan por el periné posterior, de tan acostumbrados como están a que otros les hagan el rendibú- hoy me peta decir que las sras. Gamarra y Montes aprecian lo chachi. No todos los días se tiene en Logroño a un escritor de la excelencia de Vicent; quien vino a decir a S.M. que de la historia de la Humanidad todo lo que ha quedado es arte, que ese rastro que el ser humano ha dejado es lo que ha vivificado a este Planeta. Argumento suficiente para que, ya con tiempo, se visite la exposición de don Elías.

De poder extenderme contaría la conversación que con Vicent tuvimos Bernardo Sánchez, Fernando Martínez Castellanos, Manolo González y el 'escritor aplazado' que pergeña estas líneas. Porqué no quiere ser académico; el origen de su antitaurinismo; la divertida/dolorosa remembranza de Azcona; los derroteros por los que transita el arte actual (renovación constante, ubicuidad, nuevas tecnologías, subestimación de parte del que ahora se hace, que en unos cuántos años será considerado determinante y eterno, etc.); y los matices de su delicadeza en el consejo -bienvenido proviniendo de tan admirado maestro- de que frente a una imagen utilice palabras que impacten luminosamente la mente del lector, para que las procese y amplíe en el sentido que apetezca.

Pero vayamos con Del Río, quien lleva una evolución física divergente a la pictórica. Él se va poniendo orondo, y su pintura se va estilizando. Su barba, encaneciendo; sus colores, amansándose. Los principales motivos de sus cuadros son paisajes y temas riojanos, y figuras femeninas; que completa con pequeñas esculturas, hechas con una mezcla de materiales creada por él.

En su pintura, Del Río refleja un carácter vehemente. Es ya un fauvista-expresionista con leyes propias. Recuerda a De Vlaminck, y éste, a su vez, a Van Gogh. El dibujo se diluye en una fiesta de colores generados por la luz, y el color protagoniza la construcción del espacio y la forma. Si su lujuriante cromatismo se ha ido atemperando; no así la viveza, soltura y expresividad de su pincelada, lo cual es una forma de encontrar la funcionalidad compositiva y la liberación emocional. Algunas obras, pintadas sobre cartones de embalaje sometidos parcialmente a 'grattage', ofrecen texturas con efecto relieve, proceder que fuera muy del gusto de surrealistas e informalistas, artistas que también forman parte de su linaje plástico.

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