¿Coeducamos?

«Las administraciones educativas deberán revisar los libros de texto y materiales educativos con el fin de eliminar los contenidos estereotipados que supongan discriminación entre mujeres y hombres»

Hoy quiero celebrar el Día de la Coeducación o de la Educación en Igualdad. ¿Por qué no? Si todavía no existe este día, voto por encontrar una fecha en la que recordemos todo lo conseguido hasta ahora en materia educativa así como el camino que nos queda por recorrer, al menos con relación a la asunción de la coeducación como modelo educativo. Los datos avalan el salto indudable que supuso la generalización de la escuela mixta: niveles educativos de las niñas y chicas superiores al de los niños y los chicos, ellas sufren menos fracaso escolar, etc. Todo ello nos puede llevar a pensar que ya no existe ningún tipo de discriminación por razón de sexo en el ámbito educativo, pero no es así. No se puede asociar escuela mixta con escuela coeducativa, ya que el agrupamiento de niños y niñas en un mismo espacio no es garantía de una enseñanza en igualdad. Y para verlo, necesitamos dejar de medir solamente los niveles educativos alcanzados por chicos y chicas. Como señala la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, las administraciones educativas para integrar el principio de igualdad en la política de educación, deberán revisar los libros de texto y materiales educativos con el fin de eliminar los contenidos estereotipados que supongan discriminación entre mujeres y hombres, reconocer y enseñar el papel de las mujeres en la historia, entre otras actuaciones. En definitiva, la coeducación conlleva un cambio cultural. Y no es fácil.

Los chicos crecen aprendiendo que deben ser fuertes y ganadores, las chicas crecen con un mensaje constante del atractivo como valor máximo. Unos valoran, otras son valoradas. Unas se empeñan en ser «sexis», otros deben corresponder siendo «viriles». Cuando nos vamos haciendo mayores, los mensajes siguen llegando: que las mujeres nos vestimos para impresionar a los hombres; que si no estamos en puestos de responsabilidad porque no queremos, que es una decisión individual; que no ha habido mujeres heroínas o inventoras y que por eso no salen en los libros de historia; que a las mujeres se nos da mejor limpiar o cambiar pañales; que los hombres sólo pueden hacer una cosa a la vez... y un largo etcétera. Sin embargo, hay mujeres escritoras o científicas que han sido «olvidadas», mujeres directivas que han tenido que renunciar a su carrera profesional al ser madres; mujeres que no saben limpiar, mujeres que no quieren tener hijos/as, mujeres estupendas y mujeres competentes, como hombres enfermeros o bailarines, hombres que saben limpiar, hombres que cuidan de sus hijos/as, hombres estupendos y hombres competentes. Parece sencillo de entender, ¿verdad?

Por todo ello, es pertinente preguntarnos por el papel de la educación, y conocer algunas de las razones por las que debiéramos apostar por la educación en igualdad o coeducación:

- Coeducar para cuestionar frases que seguro que hemos escuchado de «si tiene celos es porque me quiere», «las chicas no pueden...», «los chicos no deben...».

- Coeducar para contrarrestar prejuicios y suposiciones sobre las niñas y los niños que dejan de lado lo que verdaderamente importa: sus capacidades personales.

- Coeducar para romper esquemas «prefijados» y enseñar alternativas a lo «conocido», a lo «normal».

- Coeducar para no quedarnos sentadas esperando a que nuestro príncipe azul tome las riendas de nuestra vida.

- Coeducar para rechazar la violencia de género y comprender su origen.

- Coeducar para conocer el significado de la palabra «feminismo» y derrumbar la creencia de que las feministas odian a los hombres.

- Coeducar para que hombres y mujeres compartan las responsabilidades domésticas y de cuidado.

- Coeducar para eliminar las manifestaciones sexistas, presentes en todos los ámbitos...

En definitiva, educar para guiar nuestros pasos (y nuestra voluntad) hacia una sociedad más igualitaria donde niños y niñas sean libres de ser quienes quieran ser. En definitiva, educar para gritar con fuerza: ¡Coeduca, que algo queda!

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