¿Ciudadanos al Gobierno?

El encuestado tiende a quedar bien consigo mismo y con el encuestador y no siempre dice la verdad

JOSÉ MARÍA CALLEJA

En pocos meses hemos pasado de especular sobre si Podemos adelantaría al PSOE y se convertiría, decían los muy cafeteros, en alternativa de gobierno, a empezar a dibujar un futuro en el que Ciudadanos se ve como ganador al PP en unas elecciones generales.

Entre medias ha ocurrido, sigue, el esperpento provocado por el nacionalismo en Cataluña, que ha propiciado, entre otras muchas consecuencias, que Ciudadanos haya sido el partido más votado, ganador en votos y escaños, aunque no vaya a gobernar.

Ciudadanos, que hace diez años tenía tres escaños, tiene ahora 36 en un Parlamento catalán en el que el PP es la fuerza con menos apoyos. Está claro que votantes del PP y del PSC han visto en Ciudadanos y en Inés Arrimadas la alternativa al opresivo y cansino estado de agitación y propaganda nacionalista.

Se trata de saber ahora si el innegable éxito de Ciudadanos y su capacidad para canalizar políticamente la irritación y el hartazgo de tantos catalanes, puede repetirse en el resto de España por el cansancio, por motivos distintos, que provoca el PP.

De momento, casi todas las encuestas dan a Ciudadanos como el más votado, apreciado, con una idea de España que gusta a los votantes del PP y, menos, a los del PSOE. Pero ya sabemos que en las encuestas, guiso arriba, guiso abajo, los ciudadanos tienden a quedar bien consigo mismos y con el encuestador y eso no les lleva necesariamente a decir la verdad. Así, de la misma forma que Ciudadanos rompió la espiral del silencio del votante que se siente español, pero no se atreve a decírselo a un encuestador en Cataluña, en los sondeos que engloban a España en su conjunto, el votante crea que lo propio en este momento es decir que se está con Ciudadanos, pero que luego no acabe de votarles.

En esos meses en los que algunos veían a Podemos como hegemónico en la izquierda y posible usufructuario del Gobierno, se estableció que a más Podemos menos PSOE. Se trataba de descabalgar a los socialistas como alternativa al PP, con el atractivo añadido de que Podemos era también utilizado para meter miedo a los votantes indecisos del PP y sacarlos de casa ante el inminente caos que se produciría de ganar los presentados como bolivarianos.

Bien, las encuestas de verdad, las elecciones, han dejado claro que de sorpaso por la izquierda nada y han construido la imagen de un Podemos que es cuarto y mitad de la vieja Izquierda Unida y dos cucharadas de partido sumiso al nacionalismo en Cataluña y desleído como alternativa para toda España por las ataduras con sus marcas autonómicas.

Ahora, Ciudadanos parece que acampa ya en los jardines de la Moncloa, pero se trata de poner a limpio las encuestas y ver si de estado de emoción y opinión se llega a estado de Gobierno.

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