LA CITA

MANUEL ALCÁNTARA

La mejor disculpa para no contestar a una atenta carta es no haberla recibido anteriormente. El expresident Carles Puigdemont no está en casa. Se ha ido a Bruselas, arrastrando detrás de él a un centenar de periodistas de todo el mundo que no quieren perderse las primicias de la que será su última aventura y la más desventurada. El Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional, que son los principales órganos jurisdiccionales de España, resolvieron ayer llamar a declarar por rebelión al ahora turista, que está en Bélgica, y a toda la cúpula de la Generalitat. El delito por rebelión no es ninguna broma. Todos los Estados lo castigan con una fuerza limítrofe con la venganza, pero a este señor nada le arredra. Quiere ser un mártir de su patria chica, después de haber contribuido a hacerla más pequeña, pero no sabemos todavía si se saldrá con la suya, que no es la nuestra.

El mundo está desquiciado porque hay mucha gente empujando sus puertas. Unos para entrar, otros para salir y otros para quedarse dentro. Ayer hubo ocho muertos en Nueva York en un atentado con furgoneta, que es una modalidad con muchos seguidores. La buena gente, que a veces tiene muy mal gusto, estaba celebrando la repulsiva fiesta de Halloween. Recuerdo a Agustín de Foxá, que me decía que si la muerte tuviera nacionalidad sería española, pero es internacional, y tiene muchos plagiarios. Incluso a mí me roban. Cualquier mindundi de «resfriado ingenio», que decía Cervantes, se atribuye eso de que «España es una unidad de desatino universal», que escribí yo, cuando era más difícil decirlo. La gracieta hizo fortuna. Las personas decentes me citaban o lo escribían entre comillas. Ahora cualquier majadero se atribuye lo que no le pertenece. Robar no pasa de moda.

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