Las cigüeñas se han ido

Las cigüeñas se han ido

FÉLIX CARIÑANOS

Esta semana, hablando con una amiga, me ha comentado que, una de las mañanas en que daba el paseo alrededor de mi pueblo, tan parecido al de usted, se ha fijado en que las cigüeñas han partido de la espadaña que ocupaban en el antiguo convento de San Francisco, hoy hermosa residencia. Ocurre que ha habido años en que no solían marcharse. La realidad es que yo no observo demasiado estos detalles, que, por otra parte, no sé si interesarán demasiado a ustedes, acaso más interesados unos en las fotografías de la Pantoja en la jipísima Ibiza o en los fabulosos fichajes futbolísticos y otros en la situación de cientos de trabajadores en La Naval de Sestao, por citarles algunos sucesos cautivadores.

No sé qué le habrá ocurrido a esa familia de zancudas como para que hayan optado por montar la tienda de campaña en otras latitudes; al fin y al cabo, el diccionario de la lengua de la Real Academia Española las define como aves migratorias, mas sabido es que la realidad se obstina frecuentemente en llevarles la contraria a los vocabularios (palabreros los llaman también en mi ciudad). Oí contar a mis mayores que en tiempos pasados estas volátiles se reunían en altillos cercanos al Ebro y desde ahí marchaban a otras tierras el día de Santiago; de ahí el refrán «El día de Santiago, / cada cigüeña a su pago». ¿Qué quieren que les diga? No me da buena espina este abandono.

En estos últimos años se ven cada vez menos pájaros en los campos, así que sus cantos han ido desapareciendo. Me comenta un labrador que los nuevos gorriones ya no acuden a los restaurantes de los sembrados y trigales sino a las zonas urbanas, donde picotean comida servida a la carta. ¿Para qué comentar los bandos que acuden a los vertederos? Sonrío al recordar las cancioncillas y retahílas que de mocetes lanzábamos al aire, varias de las cuales tenían como protagonistas a los animales. Una vez nos sorprendió un amiguillo del Arrabal Grande al que había enseñado su madre esta letra, hija de la sociedad agrícola, porque nadie de nuestra cuadrilla la había escuchado nunca: «Quiquiriquí canta el gallo. / ¿Qué tiene el gallo? / Mal en el papo. / ¿Quién se lo ha hecho? / El gardacho. / ¿Dónde está el gardacho? / Debajo la mata. / ¿Dónde está la mata? / El fuego la ha quemado./ ¿Dónde está el fuego? / El agua lo ha apagado. / ¿Dónde está el agua? / Los bueyes se la han bebido. / ¿Dónde están los bueyes? / A arar se han ido. / ¿Dónde está lo que han arao? / Las gallinas lo han escarbao. / ¿Dónde están las gallinas? / A poner huevos se han ido. / ¿Dónde están los huevos? / Los frailes se los han comido. / ¿Dónde están los frailes? / A decir misa se han ido».

El caso es que la despedida de mis paisanas las cigüeñas me tiene intrigado. Me parece un tema mucho más importante que tantos otros que dan por la tele. Le preguntaré por él a la cigüeña que me trajo de París, la cual viene todos los años a las fiestas de la Virgen de Nieva por septiembre. Precisamente hoy a la una tiran el cohete en Viana y ella estará a mi lado.

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