Cifuentes, insostenible

Ciudadanos pone punto y final a la continuidad de la presidenta madrileña tras el escándalo del máster

La decisión de Ciudadanos de exigir la dimisión de la presidenta de la Comunidad de Madrid antes de que finalice el mes de abril anunció ayer un punto y final sin reversión posible en el escandaloso episodio del máster de Cristina Cifuentes. La negativa del PP a constituir una comisión parlamentaria de investigación sobre el caso, según las condiciones propuestas por el partido de Rivera, desató la última secuencia de la crisis. La resistencia de los populares a investigar el asunto en la Asamblea de Madrid podía tener su lógica. Era un sinsentido que los del PP se aprestaran a la escenificación de un juicio político y moral cuando la conclusión resulta evidente. La investigación podría aportar detalles, algunos de ellos relevantes, sobre instrucciones, connivencias y silencios que dieron lugar a la concesión inmerecida e injustificable de un máster a quien entonces era delegada del Gobierno en Madrid. Pero las irregularidades detectadas ya por la propia Universidad Rey Juan Carlos resultan tan clamorosas, y la insistencia de Cifuentes en defender la «legalidad» de su título tan patética, que no hacía falta más para depurar la primera responsabilidad política, la de su continuidad. El contraataque que su 'segundo', Ángel Garrido, creyó desplegar señalando al profesor de la URJC que hizo público el escándalo, presentando su militancia socialista como razón última de una persecución orquestada contra la presidenta, acabó por revelar la indefensión de Cifuentes. Su indefensión y su soledad en el mismo partido que la aplaudió el sábado en Sevilla como gesto de agradecimiento a su entrega. Un aplauso de despedida. El PP de Rajoy tiene ahora la oportunidad de sobreponerse ante tan serio revés, reaccionando 'a la murciana' con la designación de una persona que releve a Cifuentes en la presidencia de la Comunidad de Madrid para preservar el pacto de estabilidad suscrito con Ciudadanos. A no ser que una mezcla de rabia y desesperación arrastre al partido a examinarse colectivamente ante la moción de censura socialista y ante la denuncia sin fin contra el máster de Cifuentes, para imputar a los demás las culpas de la inestabilidad política. En definitiva, todo queda en manos de Cristina Cifuentes y en el ejercicio final que realice de su sentido de la dignidad.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos