El cierre de Garoña

El ministro Álvaro Nadal deberá tomar en dos semanas una decisión sobre el futuro de Garoña, después de que sus dos propietarios, Endesa e Iberdrola, reunidos en Nuclenor, hayan mostrado en público sus desavenencias sobre la cuestión: ambos abogan por el desistimiento porque no creen económicamente viable la reapertura, aunque no coinciden en el modo menos oneroso de plantearlo. Una de las razones de tal inviabilidad es que para cumplir con las condiciones técnicas impuestas por el Consejo de Seguridad Nuclear harían falta al menos dos años de preparativos. Y los propietarios arguyen también la caída de los precios del mercado eléctrico, lo que dificultaría que la operación alcanzara el umbral de la rentabilidad. Ante esta respuesta poco entusiasta con la reapertura, lo lógico es que el Ministerio de Energía proceda a la clausura de la central. Aunque lo lógico sería que se adoptara la solución menos onerosa para los consumidores. Es decir, habría que valorar si la reintroducción de Garoña en la oferta de electricidad, que es actualmente muy superior a la demanda, abarata o encarece la factura de la luz, algo cuya determinación requiere un estudio técnico. El cierre, que si llega a producirse satisfará a los ecologistas, confirmará que el futuro es de las energías renovables y limpias.

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