EL CHALECITO

MANUEL ALCÁNTARA

Somos un país de envidiosos que disponen de muchos ratos libres para practicar su deporte favorito, que es inspeccionar la vida de los que tienen más. Son precisamente los que antes tenían menos. Por sólo 600.000 euros Pablo Iglesias y su pareja, Irene Montero, han adquirido un chalé, al mismo tiempo que proclaman su deseo de no abandonar nunca su pisito de Vallecas. Todo el mundo, que es más de la mitad de medio, tiene derecho a rectificar, pero esa actitud ha abierto una crisis en Podemos. La gente se pregunta qué no habrán hecho por su patria. Algunos de ellos han muerto, pero otros han pronunciado brillantes discursos explicándoles por qué debían morir. La dacha de la feliz pareja sólo les sale cara si piensan pagarla, pero ambos son muy ahorrativos y tenían previstas incluso las críticas de sus congéneres, que son del género tonto. El enriquecimiento está admitido por sus seguidores, que comprenden que si hubiesen preferido seguir de pobres no habrían accedido al liderato.

Eso de tener chalé en la sierra madrileña ha cambiado. Lejos de una aspiración pequeño burguesa, ha derruido la leyenda franciscana de Pablo Iglesias, que en tiempos nos creímos todos. La pregunta que se hacen sus más fieles ahora es si también él era como los demás. A la naturaleza humana no la cambian las etiquetas políticas y hay quienes se hacen ricos presumiendo de pobres, pero la tos, el fuego, el amor y el dinero son muy difíciles de ocultar. Por eso, lo mejor es exhibirlos y si alguien pregunta, metiéndose en lo que sí le importa, lo mejor es decirle: bueno, y qué. Robar no es algo exactamente igual a cambiar las cosas de sitio, pero se parece mucho a cambiar de convicciones cuando estas han arrastrado a mucha gente. Ya no tiene dónde irse para que no le sigan engañando con las mismas promesas y con líderes distintos.

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