CERRAR EL GRIFO

MANUEL ALCÁNTARA

Lamedida más importante para frenar el desmantelamiento del Estado de Derecho es cortarle el suministro de dinero a los que quieren irse sin dejar señas. Si hubiera algo sano, habría que cortar por ahí, pero no hay cirujanos de hierro, sino de plastilina. El referéndum del 1 de octubre ni puede celebrarse ni se va a celebrar, pero nos trae a todos más locos que el difunto Dalí, que era a la vez un genio y un botarate. Los barómetros de la Generalitat no señalan buenas noticias para los separatistas y las cuentas son las cuentas, aunque no salgan. El Fondo de Liquidez Autonómica, menos conocido como el FLA, no tendría dinero para pagar las nóminas de los funcionarios públicos, ni el gasto farmacéutico. Eso de huir hacia delante puede ser una buena estrategia, a condición de lo que haya enfrente no sea una pared. Las veleidades separatistas no pasan por su mejor momento, a dos meses mal contados del 1 de octubre. El apoyo a la secesión atraviesa su nivel más bajo desde 2012, cuando todos éramos más jóvenes, aunque algunos solo fuésemos menos viejos.

Cristóbal Montoro va a examinar los gastos de la Generalitat «para impedir desvíos». Hay que sumar para vencer, pero el Ejecutivo catalán profetiza que el Estado se atascará si se corta el grifo de la financiación, que cada vez tiene menos agua y la que tiene la suelta gota a gota. Mientras tanto, la Comisión Delegada para Asuntos Económicos acuerda intervenir las cuentas no de vez en cuando, sino cada semana. Quizá se podría solucionar el problema del goteo si cambiáramos de fontaneros, pero ese oficio exige mancharse las manos y tenemos una en el culo. Incluso los políticos más manirrotos darían su mano derecha por ser ambidiestros, pero, al igual que los pianistas malos, su mano derecha ignora lo que hace la izquierda.

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