CERCO A LA PALABRA

MANUEL ALCÁNTARA

El gran Blas de Otero, antes de tirar al monte, pidió la paz y la palabra, pero lo que ahora pedimos es que dejen a las palabras en paz. Seguimos hablando lo que Azaña llamaba «un latín estropeado» y ni los Mossos d'Esquadra lo entienden. Los separatistas catalanes, que no son todos, pero sí los suficientes, se han hecho con el control de la policía y Albert Batlle no ha tenido más remedio que dimitir, aunque sepa que la dimisión no es un remedio. La Generalitat ha nombrado al frente de los Mossos a un independentista radical. Lo que debemos entender como un separatista convencido. El referéndum ilegal está al caer, pero el eco se anticipa a la caída. ¿Qué idioma hablarían los albañiles de la torre de Babel? Mientras, Sánchez y Pablo Iglesias, cada vez se llevan mejor, en la misma medida que discrepan más.

¿Cómo nos puede interesar tanto la historia de Spiderman cuando todos nos estamos subiendo por las paredes? El PSOE ve razonable una quita a la deuda de Cataluña, quizá porque sabe que ese idioma lo entienden todos, aunque hable cada uno en el suyo. La RAE es una aduana y acaba de aceptar la palabra 'iros', aunque lo correcto es decir o escribir 'idos'. Otra victoria del capitán Alatriste y de su magnífico creador, Arturo Pérez-Reverte, que sigue volando lejos aunque tenga los pies en el suelo. Los llamados vulgarismos se han aristocratizado y tenemos otros problemas más urgentes que el imperativo del verbo ir, ahora que nos estamos quedando tan pobres que hasta nos atrasa el gallo que nos servía de reloj. Cuentan sus biógrafos que a Juan Ramón casi le dio un telele cuando no entendía el habla de algunos en Puerto Rico. ¡Me están robando el idioma!, gritaba. El gran poeta era también un gran neurótico. Son cosas compatibles, como saber hablar y saber callarse, pero conviene hacerlas por turno.

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